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¡Antentos!, cada crisis esconde una buena noticia

El santo padre dedica todo el capítulo sexto de Amoris laetitia a perfilar algunas perspectivas pastorales del matrimonio y de la familia. Su centro es el acompañamiento y se fija de manera particular, en tres momentos: durante los primeros años del matrimonio, en los momentos de crisis y tras rupturas o divorcios.

Cuando el matrimonio se asume como una tarea, que implica también superar obstáculos, cada crisis se percibe como la ocasión para llegar a beber juntos el mejor vino. Los matrimonios formados deben estar dispuestos a acompañar a otros en este descubrimiento.

El sí de los esposos en su boda es el comienzo de un proceso, que necesita de acompañamiento para ser capaz de superar problemas y dificultades. El camino implica pasar por distintas etapas: del impacto inicial, caracterizado por una atracción marcadamente sensible, se pasa a la necesidad del otro percibido como parte de la propia vida.

De aquí, al gusto de la pertenencia mutua, luego a la comprensión de la vida entera como un proyecto de los dos, a la capacidad de poner la felicidad del otro por encima de las propias necesidades, y al gozo de ver el propio matrimonio como un bien para la sociedad.

En el acompañamiento es importante la presencia de esposos con experiencia, que ayuden a los más jóvenes. Pueden ayudar a los matrimonios jóvenes a aprender a encontrarse, a detenerse el uno frente al otro, a compartir momentos de silencio, reflexión y oración, a crecer en la fe.

El amor necesita tiempo disponible y gratuito para dialogar, para abrazar sin prisa, para compartir proyectos, para escucharse, mirarse, valorarse y fortalecer la relación.

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