Colón – Kuna YalaDiócesis

Calor humano y cultura

La Comisión Diocesana de la Jornada Mundial de la Juventud de la diócesis de Colón Kuna Yala, sigue trabajando, en esta ocasión para sumar más familias de acogida. Ésta es una experiencia que durará para toda la vida, por eso la insistencia de convertirnos en esos seres y ofrecer hospedaje a los peregrinos que llegarán de todas partes del mundo. Los testimonios de jóvenes colonenses que han sido peregrinos y que en algún momento han disfrutado de la acogida de estas familias, son muchos.

La experiencia en las jornadas de Río de Janeiro 2013 y Cracovia 2016, hacen constar que el recibimiento de las familias es la primera impresión que los peregrinos se llevan al llegar a un país desconocido.

Son esas mamás, papás, abuelos, hermanos, hermanas que los reciben como un miembro más de la familia, los que los reconforta al recordar que están lejos de casa. Su generosidad y amor les abraza y hace sentir que están en familia y les queda como una experiencia inolvidable.

Durante la pre jornada, la diócesis cuenta con varias opciones para alojar a los peregrinos, entre las cuales se encuentran las casas de las familias de acogida, salones parroquiales, colegios, gimnasios y espacios públicos.

La primera opción como organización diocesana son las familias de acogida, con quienes los peregrinos tendrán contacto di-recto con la cultura del país que los acoge, y las familias tendrán la oportunidad de crear un vínculo con ellos y lazos familiares más grandes en el Señor, porque se tratará de recibir al propio Jesús en sus hogares.

Las familias de Acogida representan el calor del hogar dentro de la experiencia de peregrinos y así se complementa, ya que va más allá de contar con un espacio físico para dormir y asearse, hay un intercambio cultural, social que enriquece la vivencia del peregrino.

Muchas personas no se atreven a hospedar peregrinos, porque no les gustaría que una persona desconocida entre a su hogar, porque desconoce sus costumbres y conductas, pero no hay de qué preocuparse, ya que estos peregrinos además de inscribirse, pasan por un pro-ceso formativo y cuentan con la autorización de su párroco u obispo dependiendo si la delegación es parroquial o diocesana, y quienes acreditan que este peregrino está debidamente inscrito y formado.

En la diócesis se están necesitando más familias de acogida, que les ofrezcan un espacio seguro y limpio para su descanso; acceso a la utilización de su baño para que puedan asearse, dentro de las realidades de cada hogar.

Exhortamos a todas las familias que no se han inscrito para acoger a los peregrinos en sus casas que lo hagan, aún están a tiempo, ya que las inscripciones diocesanas de alojamiento cierran el 31 de julio de 2018.

Artículo anterior

María reconoce la grandeza de Dios

Siguiente artículo

En la unidad de la fe, de la esperanza y la caridad