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Catequesis debe impulsar el compromiso social y caritativo

Se ha hablado mucho del compromiso social que debe asumir la Iglesia para ejercer el servicio a la diaconía.  Jesús nos llama precisamente a eso, preocuparnos por los más necesitados.  Nos hemos quedado, muchas veces, encerrados en las estructuras eclesiales y no damos un paso más firme por “salir”.  Tal vez, por comodidad, por miedo, por querer vivir un cristianismo con una espiritualidad muy intimista: “me siento bien ante Dios y eso es lo que busco”.
Sin embargo, tenemos el testimonio de tantos pastores, agentes de pastoral, cristianos que sí han dado la cara y toda su vida han sido una constante lucha por trabajar por la paz y la justicia, por la defensa de los más necesitados.  Cuando se quiere buscar la verdad nos vamos a encontrar tarde o temprano con resistencias, algunas veces, de nuestros propios círculos de amistades.
En cuanto a la política, el simple hecho de mencionar esta palabra causa malestar para muchos.  La política, como el arte de gobernar, es algo imprescindible para la sociedad.  Pero la manera en que se hace política ha desvirtuado todo el asunto.  Se habla de la política sucia para llegar de todas formas al poder.  Pero que hermoso sería, si un auténtico cristiano, discípulo de Jesucristo, asumiera el reto de entrar en la política para ser fermento, levadura en medio de esa masa.  Pero asumir este reto, es asumir las consecuencias de hacer las cosas según la verdad y los criterios evangélicos.
Se ve mal para muchos que la Iglesia opine, o mejor dicho, dé luces para tomar decisiones adecuadas que afecten el rumbo de un país.  La Iglesia, sabemos que no se puede parcializar, pero sí tiene que iluminar la realidad para que el santo pueblo de Dios, tome conciencia de las decisiones que tienen que asumir y que esas decisiones vayan acordes al Evangelio de Jesucristo.  Falta mucha formación al respecto.  No podemos olvidar en la catequesis la Doctrina Social de la Iglesia.  Si Jesucristo no está en el centro de todo, seremos como paja que se la lleva el viento.  La transformación es más profunda. Es Jesucristo mismo el que quiere hacer su obra a través de nosotros.

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