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Chapala cambia vida de jóvenes en riesgo social

Mario tiene 17 años. En su rostro hay secuelas de una vida dura. Sus manos muestran el esfuerzo que ha tenido que enfrentar. En su actuar hay seguridad y disciplina. Drogas, pandillerismo y violencia fueron los detonantes que hicieron de su niñez y adolescencia una etapa difícil.

Su lenguaje al hablar es muy sencillo, hay respeto en sus palabras y a pesar de la rigidez en su actuar no deja de ser un joven con inmadurez y alegría.

Su familia vive en Cerro Silvestre. Su madre ha luchado sola para sacarlos adelante. Desde pequeño un vecino lo acosaba para que él y su hermano menor hicieran manda-dos y algunas veces les enviaba a robar y como le daban dinero, Mario pensaba que era una manera de ayudar en casa, cuidaba mucho a su hermano y a la hermanita, es por eso que evitó a toda costa que ellos hicieran lo mismo que él.

Inició fumando cigarrillos y luego marihuana. Experimentó todo esto como escape de la realidad que tenían que vivir, ver a su madre sacrificándose día a día por él y sus hermanos sufrir la tragedia de no contar con su padre, pues mu-rió cuando Mario tenía apenas 8 años, toda esta situación lo llevó a ser rebelde y en ocasiones agresivo.

Estando en la pre media y luego de encontrarle marihuana en el colegio, su madre avergonzada con la escuela decide buscar ayuda y es así como a través del Juzga-do de la Niñez y del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), decide internarlo en el Centro Vocacional de Chapala. Así es como inicia la travesía de Mario en este colegio.

Al principio le costaba seguir las normas. Obedecer y evitar no pelearse con alguien. Aquí su mejor amigo es Jesús. Guía y ejemplo a seguir. Pasó de ser rebelde a ser un buen estudiante, responsable y disciplinado siendo así que ahora forma parte del cuadro de honor del plantel.

“He tenido una gran experiencia que me ha fortalecido para ser mejor ser humano y alejarme de todo lo que antes me hacia daño”, enfatizó Mario, quien aseguró arrepentirse de sus errores, pero ha aprendido mucho de cada uno.

“Nos dan de comer diariamente desayuno, almuerzo y cena e incluye merienda y tenemos un modelo a seguir para todo lo que tenemos que hacer. Algunos salen los fines de semana pero, eso ocurre 12 semanas después de presentar buen rendimiento y buena conducta, si se pelean los chicos son sanciona-dos con un mes de no poder salir hasta que mejoren la conducta”, concluyó Mario.

Ana María Acosta, es una madre de familia que recién vive la experiencia de ver ingresar su hijo a este colegio y manifiesta que a pesar de las dificultades con su hijo y los problemas en los que se involucró por su conducta, confía en Dios y con fe asegura que todo pasará.

“He orado a Dios pidiéndole un cambio en mi hijo que ha sido muy rebelde no quiere estudiar, anhelo esta oportunidad para él, quiero que la aproveche, ya hemos visto todo el sistema, he visto como los cuidan y ayudan, confío en que él cambiará”, acotó Acosta.

Una alternativa educativa para los jóvenes

Nos referimos al Centro Vocacional de Chapala fundado en 1965 cuando fue creada por Ley de la República, regentado por la Congregación de Religiosos Terciarios Capuchinos, quienes aplican el modelo o filosofía de Luis Amigó, su fundador.

Fray Hugo Otto Paz Duarte, es el Director del Centro Vocacional de Chapala, y sabe que para sacar adelante a estos jóvenes, lo mejor que se les puede ofrecer es la educación en carreras técnicas. “Los talleres que aquí se desarrollan son de mecánica de precisión, mecánica automotriz, panadería, repostería, ebanistería, albañilería, chapistería” explicó.

Para estos jóvenes que han desertado de los colegios y estado en riesgo social, este centro educativo les ofrece la oportunidad de recibir una debida formación académica, humana y espiritual, para ser reintegrados a la sociedad, asegura el religioso capuchino.

El centro educativo que está ubicado en un terreno de 35.7 hectáreas comenzó a funcionar el 20 de junio de 1969 cuando se terminó su construcción, gracias a los aportes del Club de Leones de Panamá, del pueblo panameño y de instituciones internacionales.

Allí los jóvenes pasan por un pro-ceso formativo que exige la educación de jóvenes y adultos, al mismo tiempo, reciben una formación integral que les capacita para integrase a la sociedad, y les permite continuar sus estudios hasta que alcanzan graduarse en carreras técnicas.

Cuenta actualmente con 160 estudiantes internos y algunos semi-internos. Tiene capacidad para 180 en total. Recientemente inició el año lectivo dado que aquí la formación se da en dos períodos del año. De septiembre a mayo y de junio a diciembre.

Este centro que está ubicado en Nuevo Arraiján, y se divisa en un pequeño cerro donde el verdor de los pinos crea un ambiente de paz, cuenta con los servicios de psicología, medicina y enfermería, inclusive son atendidos por terapeutas.

En cuanto a infraestructuras cuenta con dormitorios, talleres, administración, cocina, comedor y capilla. También hay un gimnasio, piscina que se encuentra en remodelación así como canchas de fútbol.

El centro se sostiene con lo que genera la fábrica de las placas de los autos que son requeridas por la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre, además de ello recibe una donación esporádica del Ministerio de Desarrollo Social y contribuciones que hacen los bienhechores.

Los menores internos aquí no pagan absolutamente nada, salvo aquellos que son semi-internos que pagan únicamente su uniforme.

Pedagogía del centro

Los menores inician con la acogida y adaptación, como parte de ingreso al centro. Desde su llegada reciben una atención psicológica. De acuerdo con Luis López, Coordinador de Pedagogía, este colegio sigue el programa educativo de Jóvenes y Adultos del Ministerio de Educación.

A esta formación se le agrega la filosofía Amigoniana basada en tres etapas formativas: académica, técnica, y espiritual, una educación integral que llevará a las prácticas profesionales por ende preparados para salir al mercado laboral, explicó

“En el acompañamiento con el educador social se definen los rasgos de los menores, recordemos que vienen de un mundo de ocio y esto les hace chocar con la realidad del centro educativo, en el cual deben cumplir normas”, indicó López.

Asimismo agregó que los jóvenes deben justificar cada vez que salen se mueven a un lugar a través de una nota. “Al joven le cuesta esto, les toca cumplir los procesos y las normas que aquí se establecen como levantarse temprano, acostar-se en un horario específico y seguir un programa formativo y de crecimiento espiritual”, acotó López.

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