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Comunicación entre esposos: ¡¡¡ruido, ruido, ruido!!!

Imaginemos a una pareja en la etapa máxima de su enamoramiento. Todo entre ellos es comunicación: se hablan con la mirada, a través de recados, tarjetas, cartas.
Pero, un día, algo molesto sucede que rompe la comunicación, y de ahí se desencadenan una serie de situaciones tristes, conflictivas, y tan dolorosas que pueden llegar hasta la fractura de la relación: esa pareja ha permitido que el ruido se interponga entre ellos.
Pasa lo mismo que cuando hablamos por teléfono. De pronto puede surgir en la línea un ruido extraño que dificulta el entendimiento. Si el ruido es leve, sólo molesta un poco. En cambio, si el ruido es estruendoso, hace imposible que llegue el mensaje.
En el caso del teléfono, la situación se arregla volviendo a marcar o conversando personalmente. Pero en el caso de los esposos que hayan dejado entrar el ruido en su hogar, el problema se vuelve difícil -aunque no imposible- de resolver.
Uno de esos ruidos es el egoísmo. Alguno de los dos ha tenido un día horrible y se desquita con el cónyuge o con sus hijos, como si ellos tuvieran la culpa. Y en lugar de explicar su malestar, se duerme dejando a todos con una mala sensación. Todos estos casos son muestra de que las personas actúan a veces pensando en sí mismas y esto no resulta justo para los demás.

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