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Que el deseo de tener una familia, no sea por moda

Una tarde de domingo me encontraba visitando a un amigo que vivía con su hijo de cinco años; en medio de nuestra charla el niño se acercó y le dijo a su padre: ¿hoy viene mamá?, el padre responde: no, mañana hijo. Nuevamente habla el niño, “pero yo quiero verla hoy y quiero estar con ella”… Su padre tratando de consolarlo lo abraza y le dice que falta poco y la verá.

Muchas situaciones similares podemos escuchar, leer o presenciar, situaciones en las que se vive el sufrimiento de no contar con la familia completamente constituida.

Sin entrar en juicios sobre las personas, es una realidad que la formación natural y espiritual de las familias está siendo víctima de un resquebrajamiento. ¿Por qué víctima? Porque hay victimarios, y ellos son los que promueven una cultura en donde los valores y los principios éticos no se enseñan y no se viven, difundiendo así la idea de que la familia sea concebida cual si fuera moda y no la unión física y espiritual de un hombre y una mujer que en matrimonio para toda la vida se comprometen a colaborar con la obra natural y creadora del Amor.

Somos conscientes de las dificultades que se presentan para formar una familia: la falta de trabajo,  el encarecimiento de la vida, el salario bajo, la necesidad de estudiar, etc.

Estas dificultades no son nuevas, los sacrificios personales siempre estuvieron presentes ante la idea de un matrimonio y la llegada de los hijos. Sin embargo hoy se acrecienta porque se vive en un mundo egoísta, hedonista, donde el placer se ha convertido en un fin y no en un medio para alcanzar los bienes superiores a los que debemos aspirar.

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