Laicos

Jesús, revelador del Padre

Jesús, con su encarnación,  con su vida y existencia histórica nos revela y  presenta con el  Padre y es entonces el Padre mismo quien nos toma como sus hijos más queridos y amados para siempre. De esta forma, desde su nacimiento, Jesús realiza su acción redentora.

Celebrar la navidad no es solamente cantar villancicos ante un lindo pesebre con pastorcitos, ovejitas y angelitos; estamos ante el acontecimiento más grande de la historia, que no por ser histórico deja de ser presencia, actual y actualizante;  es el acontecimiento que ha cambiado toda nuestra realidad, lo creamos o no: “La naturaleza misma que gemía bajo el peso del pecado, está ahora bajo la influencia del Espíritu y conoce la alegría de dejarse llevar”. (Romanos: 8,22). Estamos ante el acontecimiento más trascendental para nuestras vidas: Jesús,  haciéndose hombre nos lleva a la presencia de su Padre: participando de nuestra humanidad nos hace partícipes de su divinidad,  y es el Padre quien entonces nos recibe como hijos, en su Hijo.

En la dimensión Sacerdotal y Expiatoria: muerte y resurrección,  es el Hijo quien,  como en un segundo “movimiento”, nos asume y nos presenta al Padre: realidad que celebramos  en el Memorial de la Eucaristía, en el acto de adoración suprema “por El, con El y en El, a ti Dios Padre Omnipotente, todo honor y toda gloria, por los siglos…”  Es el Hijo quien nos asume entonces y nos presenta al Padre como hostias puras e inmaculadas, para su Gloria.

Duele que ante la celebración de un misterio tan grande y poderoso de nuestra redención, no caigamos de rodillas; misterio que muchas veces se pronuncia como un balbuceo,  dicho de prisa, pasando casi         inadvertido.

Que en esta Navidad compartamos con los más pobres,  gestos que recuerden el don supremo de salvación que hemos recibido.

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