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Joven: no existe identidad plena sin pertenencia a la iglesia

Vemos en la juventud una serie de estereotipos que muchas veces nos hacen pensar que no tienen interés en servir a Dios y menos llevar una vida cercana a su Palabra, pero esto no es indicativo que todo esté perdido, al contrario hay mucho por hacer para lograr esa cercanía con su iglesia y que esta lo impacte día con día.

En la exhortación Gaudete et Exsultate, sobre el llamado a la Santidad en el Mundo Actual, el Papa Francisco, nos habla de la importancia de no ser humanos cuya existencia sea mediocre, aguada y licuada, sino más bien ser santos a ejemplo de quienes lo han sido y es algo que podemos ver en la Biblia y es reflejo de la tarea que nos toca poner en práctica.

Fray Gustavo Elizondo, de la orden de frailes menores capuchinos, que lleva su apostolado en la parroquia San Cristóbal en Chepo, asegura que, involucrar al joven es una tarea difícil y esto se debe a la sociedad en que vivimos: de consumo, de lo pasajero, y lo superficial, y lo que la Iglesia propone es todo lo contrario, lo profundo, lo sólido, lo permanente. Hay dos grupos de jóvenes muy importantes, primero los que vienen a nuestra puerta, muchos de ellos son obliga-dos por sus padres a hacer los sacramentos por ejemplo el de confirmación, y en mu-chas ocasiones se quedan con solo normas, prohibiciones, y ambientes de mucha tensión que terminan aburriéndolos y alejándolos de la iglesia y de Dios. “Pienso que al joven primero hay que proporcionarle un espacio donde se sienta acogido, cómodo e identificado, un ambiente de confianza don-de primero que todo experimente que Dios le ama, a través de los sacerdotes, religiosos y religiosas junto a los catequistas y laicos podamos ofrecerles ante todo una iglesia viva, alegre y dinámica”, puntualizó.

El otro grupo, “es con respecto a los jóvenes que están en el “mundo”, o sea, que no están en la iglesia, estoy convencido como nos ha dicho el santo Padre, debemos “hacer lío”, salir de nuestros templos, no solamente a través de actividades como colectas, o evangelizando casa por casa, sino salir e involucrarnos en sus mismos espacios, a nivel deportivo, arte, cultura, baile, salir a los parques, plazas, calles y organizar eventos donde ellos se vean llamados, identificados, y desde “sus propios espacios” ofrecerles que una vida con Jesús es posible, a través de una iglesia sin miedo de salir al “mundo”, una iglesia que acoge y no juzga, una iglesia que abraza y no señala, una iglesia que ama y no condena”, acotó Elizondo.

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