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Jóvenes, llamados a construir el futuro de la sociedad y de la iglesia

La historia nos ha mostrado cuántos jóvenes, por medio del generoso don de sí mismos, han contribuido enormemente a la extensión del Reino de Dios y al desarrollo de un mundo mejor, llevando con gran entusiasmo la Buena Nueva del Amor de Dios, que se ha manifestado en Cristo que ha nacido, ha muerto y Resucitado por nuestra salvación. El Señor sigue llamando a los jóvenes para que, en su Iglesia le sigan para ser discípulos – misioneros, en un mundo que necesita testigos de Cristo que es: “el Camino, la Verdad y la Vida” (Cf. Jn. 14, 16).

Hoy, tantos jóvenes como san Francisco de Asís, orando ante el Santísimo Sacramento, con la Palabra de Dios como lámpara de sus ojos, siguen escuchando la voz de Jesús, que le dice: “Ve y repara mi casa”. Pero, ¿por dónde debemos iniciar la construcción de un mundo mejor? Podemos encontrar la respuesta en la Madre Teresa de Calcuta cuando una vez le preguntaron: ¿qué era lo que había que cambiar en la Iglesia y en el mundo? Ella respondió diciendo: “hay que empezar por ti y por mí”. En la Iglesia de Jesús, las piedras vivas somos nosotros, y Jesús nos pide que edifiquemos su Iglesia; cada uno de nosotros es una piedra viva, es un pedacito de la construcción, cada uno debe convertirse para ser constructores de la Paz (cf. 1 P 2, 5).

Muchos jóvenes responden con prontitud y generosidad a esta llamada del Señor, para ponerse al servicio de la Iglesia, amándola y trabajando para que en ella se refleje cada vez más el rostro misericordioso de Cristo sobre este mundo. Las actitudes para seguir a Jesús son: la oración, los sacramentos y el servicio a los demás. De esta manera seremos constructores de la Iglesia y protagonistas de la historia, haciendo: un mundo de hermanos, un mundo de justicia, de amor, de paz, de fraternidad, de solidaridad.

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