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La familia: iglesia doméstica

La familia ha sido siempre un ente que transmite historias y acontecimientos importantes que marcan la vida. La mesa era el lugar preferido para compartir esos relatos que conllevan valores. ¿Por qué la vida? ¿Por qué la muerte? La Iglesia debe aprovechar ese ambiente de amor y respeto, donde las ideas penetran con mayor fuerza, con esa dosis de amor y cariño que son insustituibles en la evangelización. No solamente los padres entregan mensajes a los hijos, sino también los hijos entregan a los padres. Hay que aprovechar ese vínculo o relación entre los miembros de la familia, aún con todos los matices que tenemos hoy día, para potenciar la evangelización.

Se evangeliza en primer lugar con la educación cristiana de los hijos, que empieza con el ejemplo, y sigue con la catequesis cuya responsabilidad es asumida por los padres. La catequesis familiar es más testimonial y más permanente que aquella estructurada según los sacramentos. Pre-para para la vida eucarística, tratando de romper con la tradición de que es para la “primera comunión”, sino que es formación para la vida misma.

¿Qué se requiere para que las familias se conviertan en iglesia doméstica? Definir un itinerario que involucre a los padres o adul-tos responsables de los niños como protagonistas en la transmisión de la fe. Los con-tenidos deben incluir el primer anuncio de la fe (Kerygma), la centralidad de Cristo y el encuentro con él a través de su Palabra, manteniendo las tareas fundamentales de la catequesis: conocer, celebrar, vivir y contemplar el misterio de Cristo.

Las familias se transforman así en un ejemplo que fortalece la sociedad, forman-do ciudadanos comprometidos con el bien común. De esta forma, ayudan a evitar que sean presa de ideologías que desvirtúan a la familia y la marginan, con graves consecuencias morales y sociales.

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