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La misericordia de Dios no excluye a nadie

En la catequesis del Papa Francisco sobre la exclusión en la Audiencia Jubilar de noviembre de 2016, nos recuerda que Dios en su designio de amor, no quiere excluir a nadie, sino quiere incluir a todos. Por ejemplo, mediante el Bautismo, nos hace sus hijos en Cristo, miembros de su cuerpo que es la Iglesia. Y nosotros cristianos estamos invitados a usar el mismo criterio: la misericordia es ese modo de actuar, ese estilo, con el cual tratamos de incluir en nuestra vida a los demás, evitando cerrarnos en nosotros mismos y en nuestras seguridades egoístas.

En el Evangelio de Mateo, Jesús nos hace una invitación: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré” (11, 28). Nadie está excluido de esta llamada, porque la misión de Jesús es aquella de revelar a cada persona el amor del Padre. A nosotros nos corresponde abrir el corazón, encomendarnos a Jesús y acoger este mensaje de amor, que nos hace participar en el misterio de la salvación.

En este mes de Julio, queremos invitar a vivir la fraternidad, que se manifiesta en el abrir los brazos para acoger sin excluir; sin clasificar a los demás en base a la condición social, a la lengua, a la raza, a la cultura, a la religión: ante nosotros existe solamente una persona para amar como lo ama Dios. ¡Cuántas personas cansadas y oprimidas encontramos también hoy! Por la calle, en las oficinas públicas, en los centros médicos… La mirada de Jesús se fija en cada uno de estos rostros, también a través de nuestros ojos.

Y ¿Cómo esta nuestro corazón? ¿Es misericordioso? Y ¿Nuestro modo de pensar y de actuar, es inclusivo? Recordemos siempre que aquel que encuentro, en mi trabajo, en mi barrio, es una persona amada por Dios y que debo amar y ayudar. Esto es incluir.

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