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La santidad se vive con acciones

Vivamos la santidad aquí y ahora. No se puede vivir indiferente a la realidad de miles de migrantes, desplazados y refugiados que enfrentan situaciones de profunda vulnerabilidad y sufrimiento.

Hecho de vida: Riqueza y pobreza No tenemos que ir muy lejos hoy, en nuestro Panamá tenemos miles de migrantes de muchos países que reclaman justicia y misericordia, entre ellos venezolanos, colombianos, nicaragüenses, cubanos entre otros que han huido de sus países por persecución política, económica, religiosa y cultural.

Los encontramos muchas veces escondidos de nuestro gobierno trabajando en casas de familia, restaurantes, obras de construcción, etc. Y lo que es más grave, con afección moral prostituyéndose… ellos tienen verdadera hambre y sed de justicia.

Ellos sufren los retorcijones de hambre de alguien que sabe lo que es no comer nada durante un periodo prolongado, enfrentándose a altas temperaturas y al sol y al agua en trabajos que muchas veces esclavizan. Los que hemos compartido con ellos, vemos que impera una indiferencia indolora e impresionante a veces disfrutando en secreto de las desgracias de estos migrantes. También vemos en los dueños del poder como sus ambiciones muchas veces tienen poco que ver con esta situación que rodea nuestro pueblo panameño.

Escuchamos la Palabra de Dios Dentro del gran marco de la santidad que nos proponen las Bienaventuranzas, y Mateo 25, 31-46 se dan algunas notas espirituales que no deben faltar para entender el estilo de vida al que el Señor nos llama.

Preguntémonos

  1. ¿Qué podemos hacer para ayudar a tantos hermanos que están siendo golpeados por las realidades de sus países y sus gobiernos?
  2. Pensando en cristiano ¿cómo podemos hacerle ver a nuestros gobiernos la necesidad de trabajar por tantos seres humanos que están sufriendo esta derrota llamada hambre e injustica?
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