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La verdad fruto del Espíritu

Los creyentes caemos fácilmente en la mentira, en la corrupción, en la infidelidad, y todo por no estar en la verdad y por no juzgar con la verdad. Con esto colaboramos al desorden en la relación con Dios, con los prójimos y con todo lo creado. La verdad es fruto de la vida en el “espíritu”, y al vivirla nos trae preciosos regalos, tales como la libertad (Jn 8,32), la paz, la comunión de unos con otros, la fidelidad, la fiabilidad, la unidad. Ese deseo de Jesús en el diálogo con el Padre: “que sean uno Padre” (Jn 17, 21-23). Por la vida en la verdad se promueve el amor. El valor de la verdad es la fuente de los valores para la felicidad y la salvación.

¿En qué está el bien y en qué está el mal?

En una plegaria de Santa Teresa lo podemos entender: “¡Oh Señor! Que todo el daño nos viene de no tener puestos los ojos en Vos, que, si no mirásemos otra cosa sino al camino, presto llegaríamos; mas damos mil caídas y tropiezos y erramos el camino por no poner los ojos… en el verdadero camino” (CV 16,11). Ya Jesús nos lo había confirmado: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Sta Teresa de Jesús). La preparación y realización de la próxima JMJ19, son un espacio, una verdadera oportunidad de ser “juventud que se encuentre y ame la verdad”, juventud y creyentes de la vida santa. El bien está en la obediencia, en la acogida a la verdad personificada de Dios que es Cristo.

¿Qué es la verdad y qué significa para nosotros?

La verdad, de la que hablamos aquí, como discípulos y peregrinos de Cristo, no es una idea, una ideología, un ministerio, la verdad es una persona, y el permanecer en él, es la fuente de las necesidades que tenemos: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida, nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14,6). Y más adelante tenemos este diálogo que lo clarifica todo: “Respondió Jesús: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.” (Jn 18,36ss). Jesús no vino para reinar en el mundo, sino para llevarnos a su Reino, “el Reino de la verdad”, porque si Jesús es el camino y la verdad, también lo es Dios, y el Espíritu. Por lo tanto, en el Reino de Dios habita y reina la verdad, no la mentira. “Entonces Pilato le dijo: ¿Luego tú eres Rey?”

Respondió Jesús: “Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz” (cf Jn 18,36ss). Jesús, el que viene, el peregrino de la JMJ, “Él es la verdad”, y no puede cometer delito sino descubrir los delitos, porque, la verdad lo juzga todo, y a la verdad no se la puede juzgar, porque es la verdad. Sabemos quién es la verdad y cuál es su misión: “Yo para esto he venido, para ser testimonio de la verdad”. Él, la palabra de Dios “es la verdad”, y es el único que nos enseña el “pensamiento Divino”; no es una idea, un misterio, una ideología. No. El inmenso reto que tenemos los cristianos que hemos recibido Pentecostés es “que nosotros somos la verdad”, estamos “llamados a ser la verdad” ahí donde habitamos, ahí donde nos relacionamos. ¡Cuánto contribuiríamos a la salud del mundo! La verdad para nosotros es la irradiación de la Persona de Cristo en nuestra vida, y la vivencia de ella depende de la relación que con Cristo tengamos.

¿Cómo caminar en la verdad?

Nos salimos del camino de la verdad, “por no tener los ojos puestos en Él”, y atender otras llamadas, otras normas, que no siempre van conforme a la verdad y a la obediencia del camino que nos corresponde. La verdad supone y produce la UNIDAD, lleva a la comunión consigo mismo y de unos con otros, algo por la cual el Señor siempre pidió al Padre (Jn 17, 17.20-23; 1 Cor 1,10).

¿Cómo librarse de caer en la encrucijada de decir la verdad o no decirla? Se nos puede presentar la situación que “si digo la verdad, esto traerá perjuicio a mi vida o a la de mis seres queridos: y si no digo la verdad, el “problema continuará pero en menor escala”. Aquí es el tema el que continuará.

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