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Misericordiosos como el Padre

El Papa Francisco nos invita, en su mensaje de Cuaresma, a que miremos este tiempo como “un fuerte llamado a la conversión, ya que el cristiano está llamado a volver a Dios de todo corazón (Jl 2,12), a no contentarnos con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”.
Este volver a Dios, esta conversión, tiene que llevarnos a imitar la vida de nuestro Salvador, Jesús de Nazaret, que pasó su vida haciendo el bien y que nos ha enseñado que debemos ser misericordiosos como el Padre. El camino de la misericordia es el que nos hace encontrar a tantos hermanos y hermanas que tienden la mano esperando que alguien la aferre y poder así caminar juntos.
Por esto, dentro del plan pastoral, se nos invita a practicar en este mes, una obra de misericordia, que nos lleva a tocar la “carne de Jesús” en nuestros hermanos (Mt. 25, 31ss). La misericordia nos ayuda a salir “del individualista que prefiere el yo al nosotros, con una actitud egoísta y egocéntrica, que influye negativamente en las relaciones humanas, la colaboración, la solidaridad y los proyectos comunes a todos los niveles”.
El Papa Francisco nos invita a ser la buena noticia de que Dios ama, acoge y perdona siempre; de que Su amor y Su misericordia son para todos sin excepción. La persona o el grupo que se encierra en sí mismo, desprecian o discrimina a los demás, rompe la comunión eclesial.
Hay que tomar conciencia de que no ayudo a mi prójimo porque es pobre, o porque le tengo lástima, lo ayudo porque ese pobre es mi hermano. Tantas veces decimos “Padre Nuestro” y nos tratamos como desconocidos o de manera indiferente. Es tiempo hermanos de pedirle a Dios un corazón nuevo para amar, perdonar y ser misericordiosos como el Padre.

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