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Música, un elemento para influir en la conducta

La música es sin dudas la mejor de las herramientas para fortalecer el cerebro y el espíritu, algo que la ciencia definitivamente ha confirmado. Reconociendo resultados de estudios realizados a través de los años y al observar lo que escuchan actualmente niños y jóvenes, surge la preocupación de algunos miembros de la sociedad panameña, al ver que esta nueva generación crece influenciada por música cargada de antivalores.

Es por esto que el Centro de Orientación y Atención Integral San Juan Pablo II y estudiantes de Educación Social Terapéutica de la Universidad Especializada de las Américas (UDELAS) se unieron para llevar a cabo el Foro: Sexo, droga y violencia en la música, ¿Quién lo regula?

El público que asistió al Arzobispado de Panamá estuvo atento a las intervenciones de un panel conformado por destacados profesionales: Juana Herrera, médico psiquiatra; los psicólogos Lesbia González y Roberto Andrade, Orman Innis, productor de televisión; Elsa Fernández, abogada Defensora del Pueblo adjunta, Luis Enrique Castro, Discjockey y la periodista Castalia Pascual quien colaboró como moderadora del evento.

¿Qué atrae a los jóvenes de hoy?

El conocido DJ urbano Luis Enrique Castro se encargó de detallar los géneros que más piden los chicos en una fiesta, en una discoteca, los temas más pegados en las emisoras y los artistas nacionales e internacionales que actualmente llenan un local en Panamá.

Destacó que el género musical “Trap” ha logrado mantenerse en las listas de popularidad a nivel mundial, a pesar de la polémica que ha surgido por sus letras explícitas. “Estas canciones denigran a las mujeres, aparecen re-presentadas como un ente sin valor, que únicamente existen para complacer las necesidades físicas de los hombres”, afirmó.

Aseguró que a pesar de que los jóvenes se están acostumbrando a escuchar esos temas, trata de no colocar esas canciones, ya que eso habla de su trabajo.

Según el especialista en música urbana, el Trap nace en Estados Unidos, en una mezcla de hip hop con música electrónica y sus te-mas incitaban a la violencia; luego este ritmo llega a Latinoamérica donde exponen mensajes machis-tas, siempre con contenido sexual. “Así como el trap, reggae, reguetón y otros géneros bailables se promueven en el país sin censura alguna; para la radio, la televisión y las mismas redes sociales es lo más rentable” agrega el DJ.

Por su parte Orman Innis señala que sería un error que los dueños de medios y los profesionales de la comunicación piensen que el rating solo lo da este tipo de con-tenido, “si esto es así apaguemos las luces y vámonos, porque sí somos responsables primero como ciudadanos y luego como trabaja-dores de medios.”

Dijo que hace años no necesitaban este tipo de contenido para generar audiencia. “Existe el doble sentido; en los programas de humor se usa mucho y el público se ríe porque pensó en algo sugerido, pero hoy son demasiado explícitos, no es necesario usar un lenguaje que ofenda” .

El cerebro y la dopamina

La médico psiquiatra Juana Herrera tomó la palabra para explicar cómo este tema debe alertar-nos a todos y no solo los medios de comunicación. “Cuando una sociedad no protege a sus jóvenes ni a sus adultos mayores, debe replantearse su camino porque simplemente vamos mal” indicó la doctora.

Resulta que la música que se escucha provoca en el cerebro la secreción de dopamina, un neurotransmisor que sirve para valorar o recompensar placeres que pueden favorecer o perjudicar, es por esto que se utiliza eficazmente por el marketing o en películas para inducir estados de ánimo.

Manifiesta la necesidad de que todos entendamos que los jóvenes son fuertemente influenciables, y la música que escuchen les da sentido de pertenencia, esos temas ocuparán un lugar que los padres e familia han dejado de ocupar”.

Actualmente vemos a niños que responden a un ritmo que les atrae sin saber qué dice la letra del tema, imitan lo que ven en los videos y comienzan a bailar sensualmente mientras los adultos les aplauden. “Desde un gusto o placer inician a sumar conductas que se convierten en hábitos”, asegura Herrera.

Explicó además que en los años 70, los jóvenes de Panamá tenían sentido de pertenencia, “estábamos luchando por la reversión del Canal, estudiábamos las razones para saber por qué sí o no apoyar una causa”.

Hemos dejado de tener en las escuelas la educación cívica, educación para el hogar, bajaron las horas de religión, nos preguntamos entonces, ¿qué esperamos tener de esta nueva generación? reitera la psiquiatra, destacando la necesidad de brindar oportunidades a los jóvenes.

 

¿Qué hacer con nuestros hijos?

Lesbia González, psicóloga forense y docente universitaria asegura que no podemos seguir señalando y culpando a nadie sobre esta situación tan compleja.

“Es cierto que como padres tenemos que ocuparnos de la economía del hogar, pero es necesario apartar tiempo para nuestros hijos, somos responsables de crear en ellos sentido de pertenencia, decirles siempre: Te Amo profundamente, tratarlos con res-peto para que sepan respetar, de esta manera no cubrirán esos vacíos con elementos negativos aje-nos al hogar” dijo Gonzáles.

La solución es evaluar y pensar en el país que queremos dejar a nuestros hijos. Preguntémonos todos ¿cuál es mi responsabilidad? los medios, los artistas, los padres de familia y la misma sociedad que decide qué consume en medio de su libertad. En Panamá estamos a tiempo de ver hacia dónde vamos y qué queremos.

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