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Ni moralidad, ni religión… se trata de salvar vidas

Con solo 19 años Julieta Hernández es portadora de VIH. A los 14 años y luego de vivir en situación de abuso físico y mental, huyó de su casa y buscó refugio en los brazos de diferentes parejas, a las que creía debía pagar teniendo relaciones sexuales.
Con un nuevo ser en su vientre, Julieta pidió ayuda, misma que le fue dada en la Casa Hogar El Buen Samaritano, donde un equipo de especialistas miró su caso, y poniendo el interés superior del menor, se le realizaron los estudios y el tratamiento necesario para que quedara indetectable, y pudiera dar a luz a su hija con normalidad, de modo que la misma naciera sin VIH.
¿Cuántos casos como estos no hay en nuestra sociedad?… ¿Cuántos niños están naciendo infectados de VIH, sin saberlo? ¿Por qué el hombre se siente con derecho de arrebatarle la oportunidad a un bebé de crecer sano?
Otro caso abordado por Panorama Católico es el de una pareja pronta a casarse, un joven estudiante de Derecho, en edad reproductiva, trabajador, quien junto a su novia decide dirigirse al Tribunal Electoral a retirar los requisitos para el certificado prenupcial, un documento que muestra su estado de salud.
Al recibir los resultados de los exámenes exigidos, se dan cuenta de que el novio, es positivo en la prueba de VIH. Sorprendidos con la noticia, con dolor, preocupación y una mezcla de sentimientos, reciben orientación, deciden seguir juntos y formalizar un matrimonio como tal; deciden quererse y protegerse en base a la decisión personal de ellos. Continúan con la relación y presentan los requisitos en el TE, donde jamás se dan por enterados de los diagnósticos de cada uno, pues la confidencialidad la tienen ambos, con el médico o la persona que le entregó los resultados. La enfermedad les une más y siguen adelante con sus planes de boda. Hoy, están casados, el esposo recibiendo tratamiento, y felices.
Si estas historias son de gente real, que han pasado por estas situaciones, y gracias a la prueba contemplada en la ley, han podido superarlas de alguna u otra forma, ¿por qué insistir en afectar a inocentes? ¿Por qué negar la oportunidad a un niño de nacer sano? ¿Por qué no propiciar en la pareja, la fidelidad?
Estas son algunas de las interrogantes que nos hacemos al ver el conflicto que existe hoy en la sociedad panameña debido a una nueva reglamentación a la ley del VIH SIDA que está vigente desde el año 2000, y que busca como objetivo principal luchar contra las enfermedades de transmisión sexual ITS y/o VIH de manera eficiente y el respaldo efectivo a los derechos de las personas que viven con estos padecimientos.
Son dos los artículos del proyecto 518 los que han sido seña-lados como menoscabadores del derecho a la intimidad y a la confidencialidad; esto por solicitar a las parejas que van a contraer matrimonio, que se conozca si uno de los dos es portador de VIH; y por otro lado la prueba obligatoria de esta enfermedad para mujeres embarazadas, que en el caso de Julieta, permitió salvar la vida de su bebé.
Fuera de la enfermedad en sí, resulta interesante y a la vez preocupante saber la carga emocional que lleva consigo el niño que nace infectado, de una madre con VIH.
Las preguntas que el mismo se hace al crecer y al no comprender ¿por qué está enfermo, o a qué se debe que tenga que tomar medicamentos desde muy pequeño?; esto aparte de la discriminación de la que son víctimas muchas veces.
Esto nos lleva a reflexionar que no se trata de someter a tratos inhumanos o degradantes a ninguna persona, o a prohibir el libre ejercicio de la voluntad. Se trata de acabar con los altos índices de esta enfermedad en nuestro país y en la región; se trata de tener una nueva oportunidad y salvar vidas.
Una realidad que nos afectará
a todos
“De llegarse a vetar los artículos 7 y 8 del proyecto de ley 518 va a haber un incremento, en muchos casos, de personas inocentes, parejas, hombres y mujeres, así como bebés concebidos con la enfermedad”, señala Eric Rodríguez, Administrador de la Casa Hogar Buen Samaritano.
Agrega que se cierra la posibilidad de tener un diagnóstico que puede salvar la vida de un bebé desde el vientre de su madre, ya que se puede realizar un tratamiento en 6 meses que permite dejar a la embarazada en estado indetectable, y el nacimiento de un niño o niña sanos.
Rodríguez destaca que lo que se busca es que haya menos personas con VIH, sin embargo, con la petición de ONUSIDA de que no se realicen pruebas de manera obligatoria, no se va a lograr. Las estadísticas se elevarían considerablemente y no se lograría la finalidad que se tiene de eliminar esta pandemia hacia el año 2035.

Un tratamiento que salva vidas

En el caso de Julieta, fue posible que la bebé naciera sana y sin el virus, gracias al diagnóstico temprano arrojado por la prueba de VIH, y a que se logró que su estado fuera indetectable.
Cuando se habla de que una persona es indetectable, quiere decir que la combinación de fármacos que recibe, ha reducido tanto la capacidad del virus para reproducirse, que sólo se puede detectar en sangre a niveles muy bajos.
La cantidad de virus en sangre se mide en copias de VIH por mililitro de sangre. Actualmente los análisis pueden llegar a detectar a partir de las 20copias por mililitro.
Se considera que una persona es indetectable cuando presenta menos de 50 copias por mililitro. Lo habitual es conseguir este resultado entre tres y seis meses tras el inicio de la terapia, siempre y cuando se realice correctamente. La carga viral es un indicativo del estado de salud de la persona con VIH.
Obviamente, cuanto mayor es aquella, peor estado de salud tiene el paciente. La carga viral indica el pronóstico o evolución de la enferme-dad y se relaciona con la probabilidad de transmisión del virus y nivel de CD4, opias por mililitro.
Se considera que una persona es indetectable cuando presenta menos de 50 copias por mililitro. Lo habitual es conseguir este resultado entre tres y seis meses tras el inicio de la terapia, siempre y cuando se realice correcta-mente. La carga viral es un indicativo del estado de salud de la persona con VIH.
Obviamente, cuanto mayor es aquella, peor estado de salud tiene el paciente. La carga viral indica el pronóstico o evolución de la enfermedad y se relaciona con la probabilidad de transmisión del virus y nivel de CD4, que son células esenciales del sistema inmunitario.
Su monitorización se hace indispensable en el manejo de personas con VIH ya que permite detectar el fracaso del tratamiento, posibles interacciones con otros fármacos y es marcador de la adherencia al tratamiento por parte del paciente
La medicación con antirretrovirales no hace desaparecer el virus de los “reservorios” donde el VIH permanece de forma latente, pero sí consigue reducir la carga viral en sangre hasta el punto de ser indetectable e impedir su transmisión a otras personas.

Mini Entrevista

En el caso de una mujer embarazada con VIH, qué probabilidades hay de que el bebé nazca con la enfermedad, cómo puede transmitirse y prevenirse?
Es posible que un bebé nazca sano, así la madre tenga VIH. La Dra. Dora Estripeaut, Infectóloga Pediátrica del Hospital del Niño aclara algunas dudas:
Los riesgos de transmisión de la madre al bebé ocurren durante el embarazo, al momento del parto y durante la lactancia materna. Actualmente se cuenta con muchas estrategias que disminuyen los riesgos: Diagnóstico temprano a la madre, terapia antirretroviral a la madre, método de terminación del parto, pues si la madre tiene una carga viral menor a 1,000 copias del virus, el bebé puede nacer vía parto vaginal, si la madre tiene una carga viral más alta, el riesgo aumenta y debe realizarse cesárea programada; medicamento profiláctico al recién nacido y No lactancia materna.
Si todas estas estrategias se realizan de forma efectiva, el riesgo de Transmisión Materna Infantil (TMI) es menor del 2%, es decir, de cada 100 niños, hijos de mujeres con VIH menos de 2, adquirirán el virus. Si estas estrategias no se realizan, el riesgo de TMI es de 30%. Si se realizan más del 98% de los niños serán negativos en VIH.
Para la prevención es importante recordar que todas las mujeres embarazadas deben realizarse la prueba durante el primer y tercer trimestre del embarazo para hacer un diagnóstico temprano y poder realizar los procesos que sean necesarios para disminuir el riesgo de TMI.

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