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No decaigan, los problemas se han hecho para ser resueltos

Algunos matrimonios pasan más tiempo reaccionando al hecho de que tienen un problema que resolviéndolo.

Se quedan pegados en preguntas sin salir del supuesto hueco en el que han caído: ¿Por qué  me pasa esto a mí?, ¿Cómo sucedió esto?, ¿Por qué Dios me castigas así, solo quería ser feliz?

Las dificultades son inevitables, algunas pueden ser anticipadas y otras son sorpresivas. Pero esa idea de que ocurren regularmente no tiene que ser una sorpresa.

A veces la solución es inmediata y otras toma un tiempo descubrirla. En otras ocasiones la solución requiere dejar pasar. Muchas veces el inconveniente se presenta para que nosotros mismos resolvamos; y otras no.

Podemos reconocer que el problema es una parte de la vida misma y es sumamente importante atravesarlos porque estamos aprendiendo algo a través de la misma situación y su solución.

Estas situaciones de conflicto con nuestra pareja terminan generando algo bueno en nuestra vida, nos llevan en una dirección que es superior a la que de otra manera hubiéramos tomado.

Los problemas simplemente existen, son muchas veces una señal de aviso, quizás estamos en la huella equivocada.

Aceptemos los problemas como una parte de la vida, en la que debemos aprender a confiar en nuestras habilidades para resolverlos e identificar qué situaciones nos llevan a una nueva dirección y cuáles simplemente piden solución.

La idea es aprender a enfocarnos en el cómo resolver en lugar de paralizarnos en el problema y mantener una actitud positiva hacia la vida y hacia el flujo inevitable de problemas y soluciones.

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