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Nuestro silencio, mata

Se han debatido y aprobado en varios de nuestros países hermanos, leyes que permiten el aborto. Pero, es momento de detenernos como jóvenes cristianos y en nuestra situación preguntarnos ¿y yo, qué pienso? o más bien, ¿qué sé sobre el tema? ¿Desde cuándo nos empezó a importar tanto encontrar vida en Marte o luchar más por los derechos de los animales, que respetar los derechos de una vida?

Y seamos claros, los casos de violaciones no son la mayoría, es momento de dejar de crear situaciones falsas y afrontar el problema. ¿Qué nos está vendiendo esta sociedad de la que somos parte? ¿Quieres sexo? Toma pastillas o inyéctate algo, no te preo-cupes por dejar lo sagrado de las relaciones sexuales hasta el matrimonio, o arruinar el Plan de Dios para tu vida y… ¿si quedas embarazada? el mundo te dice: ¡Abortas y ya!

¿Es eso lo que queremos realmente? El aborto es una de los clavos en las manos de Cristo hoy en día, Jesús no solo murió hace dos mil años, sigue muriendo con cada palabra, cada acción, cada vez que nos quedamos callados en lugar de defender nuestras creencias, por temor al qué dirán, por temor a ir en contra de los que nos vende la sociedad.

Cristo muere una vez más, cada vez que defendemos la libertad sexual y callamos para ocultar una ofensa directa contra ese mandamiento que dice “No matarás”.

Hoy recordamos que para que el mal triunfe, solo es necesario el silencio de los buenos, y las palabras del Santo Padre Pío de Pietrelcina “¡Ay, de nosotros, si consentimos con ese miserable y mortal pecado! No osemos tomar el lugar del Creador y no permitamos que ningún hombre lo haga. Y no seamos cómplices de este crimen maldito por culpa de nuestro silencio o nuestra tibieza.”

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