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Pablo, camino a la meta

Cuando Lucas habla de Pablo en realidad habla del destino del cristianismo. Es necesario que Pablo llegue a Roma donde ya existían comunidades cristianas.

Pablo es conducido a Roma arrestado, pero como goza de un régimen especial, en el trayecto se le permite aceptar la invitación de los cristianos, que lo reciben fraternalmente y que incluso le piden quedarse con ellos una semana. Todo lo cual llena de ánimos a Pablo, quien al verlos “dio gracias a Dios y cobró ánimos”.

Se hace notar la condición de fraternidad en la que vivían las comunidades cristianas. La acogida y el trato de hermanos los distingue. Lejos estaba el miedo o la vergüenza de acercarse a Pablo por que viajaba como prisionero.

Al llegar a Roma, Pablo es entregado al gobernador militar, quien le dio permiso de permanecer en una casa particular con un soldado que lo vigilara, gozando de alguna libertad: el brazo derecho de Pablo permanecía encadenado al brazo izquierdo del soldado.

Pablo se reúne con los judíos de Roma, y les explica que no fue hallado culpable por las autoridades romanas en Jerusalén, pero que los judíos allá se opusieron, por lo cual apeló a ser llevado ante el César. Pablo, sin acusar a su nación y a las autoridades de su pueblo, presenta al cristianismo como prolongación y plena realización de todas las esperanzas del judaísmo.

La respuesta de los judíos no esconde cierto desprecio y condenación, al tratar de desconocer a Pablo y al cristianismo, al que acusan de ser una secta cuestionada.

La situación de juzgamiento de Jesús se repite en sus seguidores. El camino de Jesús se proyecta en la vida del discípulo.

 

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