ChitréDiócesis

Para la renovación de la Iglesia, JMJ es un don del Espíritu Santo

En la Diócesis de Chitré se incrementan las iniciativas de preparación en todos los ámbitos, desde la preparación espiritual, la formación de los voluntarios, la organización en las parroquias, la recolección de fondos para financiar las diferentes actividades programadas para la acogida de los peregrinos con motivo de la JMJ 2019.

Las parroquias Nuestra Señora de las Mercedes de la Arena de Chitré y Del Rosario organizaron una caminata hacia los respectivos templos y convivieron en la celebración de la Vigilia de Pentecostés, donde los jóvenes fueron parte fundamental.

Por otro lado, los grupos juveniles: En Victoria, Huellas de la Pastoral Educativa del Colegio José Daniel Crespo y el grupo Pastoral Agustiniana hicieron el Vía Lucís, que inició en el Colegio Agustiniano hacia la Parroquia Catedral de Chitré donde celebraron la Vigilia de Pentecostés, terminando con adoración y la celebración eucarística. La Parroquia de San Sebastián de Ocú, realizó una Feria donde participaron todas las comunidades que conforman dicha parroquia.

La Iglesia en Chitré, está saliendo del Templo parroquial para encontrarse con la gente por los caminos de la vida en relación con la celebración del Pentecostés donde celebramos el nacimiento de la Iglesia cuando los Apóstoles, movidos por el Espíritu Santo salen del Cenáculo para anunciar al mundo la buena nueva de la Resurrección de Jesús.

Otro punto importante, son los jóvenes que están descubriendo su rol en la iglesia, viviendo como protagonistas y no como espectadores, participando activamente en todas las iniciativas de las parroquias y contagiando a sus coetáneos en los colegios y con esto más jóvenes descubren la amistad con Jesús y se comprometen con su iglesia y su familia a la vez que se renuevan con los sacramentos de reconciliación y la Eucaristía.

Los presbíteros también están recuperando una dimensión pastoral de cercanía con la comunidad y en especial con la juventud, su presencia en las actividades comunitarias, apoyando iniciativas juveniles, la orientación espiritual, hacen que la gente vea al sacerdote no solamente como el hombre del culto, de las celebraciones solemnes sino, el amigo, el compañero, el padre, la guía en el quehacer de la vida cotidiana.

Las comunidades vuelven a ser lugares de encuentro, de comunión y solidaridad. Aunque parezca de poco valor, la gente se saluda con más cariño, se sonríe, se solidariza, se conocen más porque participan con más interés a todo lo que se va realizando en la iglesia.

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