DiócesisPrelatura de Bocas del Toro

Permanecer en el amor, en el don del servicio y la entrega al otro

Con motivos de la fiesta del Corpus Christi, en la Parroquia Santa Isabel de Hungría, nueve parejas subieron al altar para consagrar su vida matrimonial al amparo del Altísimo.

Durante unos tres meses estuvieron preparándose para este momento; se dijeron sí quiero y para siempre, en un amor semejante al que Cristo manifestó por su Iglesia.

Las parejas recibieron formación por medio de charlas, diálogos, testimonios de otros matrimonios que llevan muchos años casados por la Iglesia, orientación psicológica, y finalmente, culminaron el proceso con un retiro y las confesiones.

La ceremonia se inició con la entrada en procesión; lo que hizo que un ambiente solemne impregnara toda la celebración. En su homilía, el P. Jesús Sánchez exhortó a los novios, hoy esposos, a permanecer en el amor y en el don de sí, con la ayuda de la oración, la Eucaristía, el respeto mutuo, la escucha atenta del uno hacia el otro, y la entrega mutua sin escatimar en nada.

También les habló de María, como modelo de todo hogar, pues es ella la que invita a los hombres y mujeres a escuchar a su hijo Jesús, para hacer lo que él diga.

Jesús dijo en la boda de Caná: ¡Llenad las tinajas! Y los sirvientes hicieron lo que él dijo, por recomendación de su Madre. “Exhortamos a los esposos a permitir que María les oriente; que ella les lleve hasta su hijo Jesús, para hacer lo que él diga. Dejen que Cristo les transforme su agua en el mejor vino, para que puedan continuar amándose y donándose mutuamente hasta el final”, destacó.

Agregó que cada uno de los esposos está llamado a amarse como Cristo ama a su Iglesia. Un amor que lo perdona y acepta todo. Un amor que no pone barreras, no pone límites.

Terminada la ceremonia, el comité parroquial invitó a un brindis en los salones de la casa cural, el cual se preparó en coordinación con todas las parejas.

Para culminar, a cada pareja se le entregó un signo eucarístico por ser fiesta del Corpus Christi, y se le invitó a no dejar nunca de alimentarse con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, por medio de los cuales los cristianos recibimos la vida eterna.

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