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“Pido perdón a todos los que consumieron las drogas que yo transporté”

Las “Mulas” en su mayoría son madres solteras, pobres y con escasa educación. Estas mujeres ponen su cuerpo para traficar drogas (casi siempre cocaína) como una estrategia de supervivencia, en su mayoría terminan encerradas, muertas o destruidas moral y espiritualmente.

Se arriesgan a llevar cápsulas en sus estómagos, intestinos, anos y vaginas. Los médicos dicen que son “bombas de tiempo humanas”: si una cápsula se abre es difícil que sobrevivan. Unas pegan los paquetes a sus cuerpos, otras cargan la droga en sus maletas.

Hoy compartimos la historia de una chica que forma parte del programa “Toma mi Mano” desarrollado en el Centro San Juan Pablo II

Testimonio:

Soy una chica que trafiqué por siete años de mi vida distribuyendo drogas en muchos países, en ese entonces no veía el daño que creaba el trasiego de sustancias ilícitas ya que yo consideraba todo esto como un negocio. Un hecho importante, yo nunca las consumí. Nosotras traficamos pero no medimos los resultados nefastos que le creamos a las familias, sobre todo a la juventud.

Reitero no somos consumidores porque sabemos que es una porquería y conocemos que produce destrucción.

Un dato interesante, los capos de las drogas que tampoco consumen ya que se consideran grandes empresarios que no les importa quien sufre, quien muere de una sobredosis, o qué madre padece por sus hijos.

Estoy tratando de reparar mi error pero no es fácil, ya que estoy pagando las consecuencias de mis actos. Estuve relacionada con los traficantes, podía tener muchas cosas materiales pero nada de eso ahora tiene un valor para mí, porque sé que hice mucho daño.

Yo llevé esa droga en mi cuerpo, en maletas; todo por el dinero, sin importar el daño que hacía.

Mi consejo para aquellos que nunca han consumido drogas o la están consumiendo: los narcos, las mulas o los que la venden por tu barrio no les interesa nada; solo quieren tu dinero a costa de tu dolor.

No consuman esa porquería ya que es basura, ya no la veo como un negocio, eso ahora me lastima mucho.

Les pido perdón a todos las personas que consumieron las drogas que yo transporté a muchos países. ¡Perdón!

Agradezco al Centro San Juan Pablo II por abrir sus puertas, por aceptarme en el programa: “Toma mi Mano”, me han ayudado mucho en la formación de mi carácter y en la sanación interior de mi propia vida. Ahora me toca superarme y pagar a la sociedad con el bien que pueda hacer.

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