Espiritualidad

Preparación jmj: espiritualidad de la perfección

“Olvido de lo criado,

Memoria del criador,

Atención a lo interior,

Y Estarse amando al amado”

                              (San Juan de la Cruz)

Después de atender la invitación a trabajar el Olvido de lo criado, o el vaciamiento del alma de todas las cosas que le atan a este mundo y le apartan o alejan de la verdadera atención y trato con Dios, el alma es invitada a entender el sentido de aplicar la memoria, el recuerdo y todo su ser en el Creador, en Dios. “Recordar es amar” (Sta Teresita).

¿Cómo vivir con el recuerdo y pensamiento en sólo Dios si estamos siendo esclavos de lo pagano, de las criaturas de este mundo? ¿Cómo aspirar al encuentro verdadero con Cristo si no somos capaces del olvido o desprendimiento de lo que nos ata a este mundo?  Es como si un joven le dijera sí al Señor, entra al seminario, al convento, y no deja los apegos familiares, los amores, los planes, proyectos o atenciones que tenía antes de entrar al convento o seminario.

¿Cómo podrá atender debidamente el llamado vocacional sin el vacío de esas criaturas que todavía le atan en su sentimiento, en su recuerdo, en su memoria? O como la joven que se da en matrimonio y no deja los apegos con sus padres y familia, y toda su memoria y sentimientos están en la casa de donde viene y no en la nueva casa y nueva vida que asume por vocación matrimonial ¿Cómo podrá ser feliz y dar la verdadera felicidad a su amado si sigue atada a su mundo anterior? O como si alguien opta por seguir a Cristo, Camino, Verdad y Vida, y no deja el camino de la mentira, de la desobediencia, de la impureza, de la irresponsabilidad, de la pereza, del mirarse sólo a sí mismo y no atiende la nueva opción de vida en su totalidad.

Memoria del criador

Es el fruto que recibe el alma a partir de la purificación, al realizar la limpieza de los apegos de las cosas de este mundo, del vacío de lo criado que ha realizado, comenzará a tener la mente en Dios, la memoria sólo de la obra de Dios en su vida pasada y presente. Es la gracia de la pureza de la mente, de la memoria, del recuerdo, para alcanzar la contemplación de Dios en todo lo criado.

Tener memoria del “Creador”, y ya no de las criaturas, y saber que el sentido y fortaleza de toda purificación, de toda renuncia al apego en la criatura es “la memoria viva, el recuerdo constante y puro de Dios, el Amado”. Recibir la visita del Señor en este gran acontecimiento de la JMJ con memoria libre, limpia, amada de todo lo creado, será la mejor preparación que podamos tener a nivel personal, familiar y comunitario.

Es un ejercicio para ir dejando al Creador que vaya tomando posesión del vacío que deja en el alma cada purificación de lo criado, todo movido por las huellas del Criador, que dan el tono, el ritmo y fortaleza de la búsqueda. Quien se quiere preparar de veras para el encuentro con Dios, ha de esforzarse por centrar su “memoria en el Criador”, y disponerse a dejar toda afición y adicción terrena, que pueda detenerle en el camino de perfección que supone ese encuentro.

Esta purificación adquiere en su vida el verdadero sentido, sólo cuando simultáneamente se da el “encuentro con el Creador”. Esto se ha de notar en el avance o crecimiento en las virtudes.

Es ese “volver a Galilea” que nos pide el Papa Francisco. El hombre, obra hermosa de la creación, imagen y semejanza de Dios, experimenta en sí misma la voz del origen, de sus entrañas, de ese “volver a Galilea”, volver al momento del saberse criado y amado por Dios, y se siente atraído hacia él, al percibir en cada criatura su voz, y ver en ellas el rastro de Dios, que le invita a ir al encuentro. El hombre debe levantar continuamente el pensamiento hacia Dios, centrarlo en Él, con todas sus potencias: voluntad, afectividad, inteligencia, memoria.

Jesús revela al que le busca la verdad divina con lenguaje humano. Mirándolo a Él, conformando su vida con la de Él, el hombre aprende cómo ha de ser su relación con el mundo, con las criaturas, para que ellas mismas le conduzcan a una auténtica experiencia de Dios. El joven irá penetrando, en su condición de criatura redimida del pecado y revestida de dignidad, gracias al misterio de la Encarnación del Verbo, Hijo de Dios, y que va entendiendo como obra de amor de Dios a él.

Esta certeza le sosiega y va experimentando el recuerdo, la memoria en Dios en cada cosa que vive al paso de esa búsqueda del Amado, y en medio de cada actividad podrá entonces mantenerse en clima de contemplación. Desde el recuerdo de Dios, se reencuentra con el mundo creado, el que ya contempla con mirada nueva desde la luz de Dios: “es el deleite grande de este recuerdo conocer por Dios a las criaturas” (Sn Jn +, Ll 4,5), y saber relacionarse con libertad y amor con las criaturas al encontrarse con Dios.

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