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¡Que no se pierdan tus ideales!

Un joven sin objetivos es un joven sin porvenir, pero uno sin ideales es y será un fracasado en la vida. No han entendido que el sistema de luchar por objetivos sin ideales no pasa de ser la fórmula para una vida enérgica, quizá, pero egoísta, vana y desgraciada. No se dan cuenta que una vida sin ideales no puede ser una vida feliz.

Un ideal es algo grande, que se ve como más grande que uno mismo; que atrae por su nobleza y belleza, que hace que una persona quiera salir de sí, olvidarse de sí, para defender, admirar, amar el ideal, ascender hacia él. Por el ideal, uno está dispuesto a vivir sirviéndolo y, si hace falta, a morir. Ideales de verdad no hay muchos: el amor, la Patria, Dios.

Nuestros jóvenes hoy día necesitan buena guía y consejo, acompañamiento que descubran una verdadera motivación que encuentren en los grupos de la iglesia, el espacio para hacer algo más que compartir, reír o llorar, que descubran el valor de la amistad, que sepan la diferencia entre amigo, hermano o conocido y superen juntos los obstáculos que le presenta la vida.

Te recomiendo las siguientes cuatro acciones: tener amistad con Cristo, ser leales a Cristo, que se sientan orgullosos de Cristo, y que tengan ganas de darle a conocer y por ende en el compartir que tengan esa sana necesidad de vivir momentos donde fluya la fraternidad, sin caer en tentaciones que los alejen del camino correcto y los lleven a tomar decisiones de las que después se puedan arrepentir.

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