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Reivindicar la dignidad del trabajador

La celebración del día primero de mayo nos exige repensar la importancia del trabajo y reivindicar la dignidad del trabajador. Si esta conciencia es compartida por toda la sociedad, la fe cristiana no puede ignorar la importancia del trabajo. Esa atención a los trabajadores se debe precisamente al aprecio que nos merece el ser humano.
Sin embargo, en las sociedades actuales se ven más los balances de las empresas y el beneficio que la dignidad del trabajo. Es la reflexión del Papa Francisco sobre el tema del trabajo hace un año con motivo de esta celebración.
Es precisamente este día en que la Iglesia celebraba a San José Obrero, se nos recuerda también esta dimensión del padre adoptivo de Cristo que nos remite a “Dios trabajador” y a “Jesús trabajador”, que ha trabajado en el taller de San José, pero también “hasta la Cruz”.
Para el padre Domingo Escobar, conocido por ser hábil carpintero, a semejanza de San José, quien trabaja es digno, tiene una dignidad especial, una dignidad de persona”, y al igual que el papa Francisco, se acuesta pensando en cuantos hoy, frecuentemente, no “tienen la posibilidad de trabajar, de estar unidos por la dignidad del trabajo”.
Por tanto, advierte este sacerdote que no se puede definir “justa”, una sociedad en la que tantos no logran encontrar una ocupación y tantos están obligados a trabajar muchas veces en condiciones que vulneran sus derechos.

La ganancia de por medio
De entre todos los empleos, que hay en las ciudades, pocos han sido tan sometidos a crítica como el del dependiente de almacenes. En muchos casos, estos empleos están pagados de manera insuficiente, los horarios son altamente cambiantes, las posibilidades de un despido o no renovación muy altas, el capital simbólico muy bajo y la formación, escasa o directamente nula.
“Las personas son menos importantes que las cosas que producen ganancia a los que tienen el poder político, social, económico” expresó el padre Escobar, y recuerda un informe del año 2014 donde las domésticas en Panamá, contabilizaban 90 mil, pero solo 10 mil tenían acceso a los beneficios de seguridad social, es decir, 80 mil empleadas domésticas no cotizaban seguro social, y no tenían cobertura médica, ni disfrutan de las prestaciones laborales.
Y se pregunta el sacerdote ¿A qué punto hemos llegado? Al punto de que no somos conscientes de esta dignidad de la persona; esta dignidad del trabajo, justamente remunerado.

Algo más que ganarse el pan
El papa Francisco, nos dice que el trabajo es algo más que ganarse el pan”:
“¡El trabajo nos da la dignidad! Quien trabaja es digno, tiene una dignidad especial, una dignidad de persona: el hombre y la mujer que trabajan son dignos. En cambio, los que no trabajan no tienen esta dignidad. Pero tantos son aquellos que quieren trabajar y no pueden. Esto es un peso para nuestra conciencia, porque cuando la sociedad está organizada de tal modo, que no todos tienen la posibilidad de trabajar, de estar unidos por la dignidad del trabajo, esa sociedad no va bien: ¡no es justa! Va contra el mismo Dios, que ha querido que nuestra dignidad comience desde aquí”.
“La dignidad – prosiguió diciendo el Papa – no nos la da el poder, el dinero, la cultura, ¡no! ¡La dignidad nos la da el trabajo!”. Y un trabajo digno, porque hoy “tantos sistemas sociales, políticos y económicos han hecho una elección que significa explotar a la persona”:
“No pagar lo justo, no dar trabajo, porque sólo se ven los balances, los balances de la empresa; sólo se ve cuánto provecho puedo sacar. ¡Esto va contra Dios!”, agrega el papa Francisco.
Hoy – observa el Papa Francisco – no podemos decir más lo que decía San Pablo: “Quien no quiere trabajar, que no coma”, sino que debemos decir: “Quien no trabaja, ¡ha perdido la dignidad!”, porque “no encuentra la posibilidad de trabajar”. Es más: “¡La sociedad ha despojado a esta persona de su dignidad!”. Hoy – añadió el Pontífice – nos hace bien volver a escuchar “la voz de Dios, cuando se dirigía a Caín diciéndole: “Caín, ¿dónde está tu hermano?”. Hoy, en cambio, oímos esta voz: “¿Dónde está tu hermano que no tiene trabajo? ¿Dónde está tu hermano que está bajo un trabajo de esclavo?”. El Papa concluye invitando: “Oremos, oremos por todos estos hermanos y hermanas que están en esta situación. Así sea”.

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