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Somos un pueblo con sentido de familia

Después de la preparación durante el noviazgo y la celebración sacramental del matrimonio la pareja comienza el camino cotidiano hacia la progresiva realización de los valores y deberes del mismo matrimonio, que es una vocación, en cuanto que es una respuesta al llamado específico a vivir el amor conyugal como signo imperfecto del amor entre Cristo y la Iglesia (Cf. 3, 16; Ef. 5, 25). Por lo tanto, la decisión de casarse y de crear una familia debe ser fruto de un proceso de discernimiento vocacional y no de una improvisación.
La familia es el ámbito no sólo de la generación de los hijos, sino de la acogida de la nueva vida que llega como regalo de Dios. Cada nueva vida nos permite descubrir la dimensión más gratuita del amor, que jamás deja de sorprendernos. Es la belleza de ser amados antes: los hijos son amados antes de que lleguen. Por eso se debe recibir con alegría cada vida humana, como momento de acción de gracias a Dios.
En Panamá, gracias a Dios, la familia es una institución apreciada como célula básica de la sociedad. Ningún panameño es insensible al calor del hogar y la ternura de la figura materna. Pero la familia panameña atraviesa por una crisis, ante el desequilibrio que vive como resultado de los cambios sociales, económicos, políticos, culturales, jurídicos e ideológicos.
La función social de las familias está llamada a manifestarse también en la forma de intervención política, es decir, las familias deben ser las primeras en procurar que las leyes y las instituciones del Estado no sólo no ofendan, sino que sostengan y defiendan positivamente los derechos y los deberes de la familia.

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