Variedad

Un servicio cotidiano y silencioso

Desde que el Centro de Orientación y Atención Integral San Juan Pablo II abrió sus puertas se puso en marcha el proyecto “Toma mi Mano”. Un programa desarrollado en el Centro Femenino de Rehabilitación Cecilia Orillac de Chiari (CEFERE) en el que participan entre 40 y 60 mujeres reclusas deseosas de salir de sus adicciones y recuperar su dignidad como hijas de Dios.

Ariel López, director del Centro San Juan Pablo II señala que desde hace dos años, todos los jueves desde las nueve de mañana hasta la un de la tarde, asiste a CEFERE para compartir con estas hermanas que viven un proceso terapéutico para drogodependientes. Durante 5 semanas las privadas de libertad reciben te-mas de crecimiento, sanación interior, proyectos de vida, entre otros temas. En el proyecto también colabora Erminio Rancilio, voluntario de nacionalidad italiana, especialista en drogodependencia y encargado de dirigir algunas de estas terapias que buscan recuperar a estas hermanas afectadas en lo físico, psicológico y social.

“Cuando realizamos los videos debates, se colocan películas con mensajes positivos de crecimiento y de interiorización, realmente se ven frutos, es toda una experiencia ver los cambios en las muchachas que participan” agregó Erminio.

Cada jueves se les lleva al centro penitenciario artículos de aseo personal y refrigerios. Algunas chicas continúan sus estudios y se les ayuda con el pago de la matrícula de la universidad.

La metodología para atender a las privadas de libertad es la misma que utilizan en el Centro San Juan Pablo II. Varias mujeres que han salido de la cárcel, continúan visitando el centro para darle continuidad al programa y para ser ayudadas en el proceso de sanación y reinserción en la sociedad.

“Tenemos un convenio con la Fundación Luz de Oportunidades, a través de esta unión cooperamos para conseguirles empleos, hacemos seguimiento a cada caso”, afirma López. Mientras estén desempleadas se les ayuda donándoles alimentos secos para sus hijos, hasta que puedan conseguir un empleo digno.

En el mismo Centro San Juan Pablo II varias ex privadas de libertad han tenido la oportunidad de laborar, una chica inició como cocinera y en poco tiempo consiguió trabajo en otra empresa. Actual-mente tenemos otra muchacha trabajando en la cocina” dijo. Para toda la Iglesia, hoy como ayer, es un imperativo abrazar a nuestras hermanas encarceladas en todas sus dimensiones, de la oración a la acción, eliminando toda estigmatización, con la mirada de misericordia de Jesús que libera.

CUENTA BANCARIA

Nombre: Iglesia Católica-Arquidiócesis de Panamá-Centro de Atención San Juan Pablo Cuenta N° 03-79-01-1154-29-8 Banco General

Artículo anterior

Respetemos y valoremos la dignidad de la mujer

Siguiente artículo

Permanecer en el amor, en el don del servicio y la entrega al otro