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Vida consagrada: alegría, fidelidad y abandono

“Testigos de la esperanza y la alegría” fue el lema de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2017, que como todos los años se celebra el 2 de febrero, Fiesta de la Presentación del Señor, día que la Iglesia dedica a mirar a la vida consagrada y a cada uno de sus miembros como un don de Dios a la Iglesia y a la humanidad.
El Arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, presidió la Eucaristía y en su homilía, mostró su aprecio por el trabajo que realizan al servicio de la vida consagrada y destacó la fidelidad y el abandono. “Por todos los que en secreto de su corazón, se entregan a Dios con una especial consagración” recordó.
Advirtió que quienes siguen al Señor a través de los diversos carismas a los que han sido llamados, están invitados a testimoniar con la sonrisa de sus vidas la alegría que les llena el alma.
“La gente tiene necesidad ciertamente de palabras”, dijo el Arzobispo, pero sobre todo, “tiene necesidad de que demos testimonio de la misericordia, la ternura del Señor, que enardece el corazón, despierta la esperanza, atrae hacia el bien. ¡La alegría de llevar la consolación de Dios!”.
Mons. Ulloa, hizo énfasis en que la gente que ama mucho sonríe fácilmente, porque la sonrisa es ante todo una gran fidelidad interior a sí mismo, “y sobre todo nosotros, -consagrados- estamos llamados a ser portadores de este mensaje de esperanza que da serenidad y alegría, la consolación de Dios y su ternura para con todos”.
Al respecto, la Hna. Isabel Batista G., por 45 años consagrada a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, expresó que la esperanza que tiene en el Señor, es la misma que me da la alegría, para vivir esa entrega al Señor generosa y alegremente, confiada y esperanzada en la vida eterna.
Mientras que para la Hna. Milagros Gabilondo, consagrada por 53 años a las Hnas. Pasionistas de San Pablo de la Cruz, ha sido una experiencia muy rica porque he visto el misterio de la Pasión de Cristo en las personas que caídas en el pecado fueron capaces de la resurrección, en reorientar sus vidas.
Según las estadísticas de la Iglesia Católica, publicada por Agencia Vaticana Fides, hay en el mundo 134.752 sacerdotes religiosos, y 702.529 religosas.

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