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Vivamos el Adviento, tiempo de alegre esperanza

La Iglesia Católica desde hace muchos siglos, ha organizado sus celebraciones en el marco de un “Año Litúrgico”. Su centro es Cristo Resucitado. La primera parte de estas celebraciones comienza con el “Adviento”, tiempo de alegre espera que orienta y prepara la Navidad. Es el tiempo que nos recuerda al Señor de la historia que se encarnó en el seno de la Virgen María.

En el mundo son más o menos 174 los países que celebran Navidad. Nos preguntamos: ¿entienden todos cuál es la esencia cristiana de esta celebración?

Muchos cristianos saben que es la ocasión para celebrar el “amor de Dios” entre nosotros; otros, incluso de mayoría cristiana la convierten en un desenfrenado consumismo y materialismo al estilo pagano. Las fiestas, regalos, cánticos y bellas tradiciones son realidades que no hay que despreciar; pero, Navidad no es solo eso, hay que centrar la atención en el Misterio que celebramos. El pesebre habla de humildad, pobreza, fraternidad y vida de familia. ¡Sería muy triste hacer consistir la Navidad en exterioridades! Dice la Pa-labra de Dios: “Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón” (Mat.6:21).

Navidad es todo un proceso. Las lecturas del profeta Isaías, Juan el Bautista y la Virgen María iluminan mejor el misterio. En un tiempo que nos recuerda el “pasado” ya que Cristo vino y nació en Belén, fue su primera venida histórica. Nos ayuda a vivir el “presente” pues diariamente sentimos su presencia viva. Nos ayuda a preparar el “futuro”, es decir, su segunda venida en la majestad de su gloria, será la venida final que dará todo sentido a la historia. Es necesario saber descubrir en cada uno de estos pasos su grata y misericordiosa presencia.

En medio de las preocupaciones de cada día, estamos invitados a hacer un “alto” para analizar nuestro comportamiento cristiano y espiritual. Adviento es el tiempo propicio, es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor. Creo que la esperanza es una virtud descuidada, muchos se sienten defraudados, no encuentran una salida digna a sus problemas, la desilusión los tiene atrapados. Sabemos que Dios cumplirá sus promesas, Él es el Dios fiel que no falla. Hay que poner alegre esperanza en nuestra vida.

Se nos invita a celebrar un Adviento donde no falte la oración y la renuncia a lo que nos haga daño. Juan el Bautista nos llama a una vida nueva: “Preparad los caminos, allanad sus senderos” (Lc 3,4). El Papa Francisco nos ha dicho: “La Navidad nos habla de la ternura y de la esperanza. Dios, al encontrarse con nosotros, nos dice dos cosas. La primera: tengan esperanza. Dios siempre abre las puertas, no las cierra nunca, es el Padre que nos abre las puertas. Segunda: no tengan miedo de la ternura. Cuando los cristianos se olvidan de la esperanza y de la ternura se vuelven una Iglesia fría, que no sabe dónde ir y se enreda en las ideologías, en las actitudes mundanas”.

La Navidad se acerca, rechacemos el falso espíritu que muchas veces nos envuelve en el materialismo y la superficialidad que nos hacen olvidar, que la felicidad se encuentra en Dios y en el amor que profesemos a los semejantes. Navidad es mucho más que fiestas y regalos. Es el “Amor de Dios” entre nosotros

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