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Yo soy una misión

La vocación es una llamada que Dios nos hace, una realidad de fe que nos recuerda que Jesús está vivo y sigue invitándonos a acoger con alegría la misión por la que hemos nacido.

Toda vida es una misión.

Cada uno de nosotros ha sido creado para descubrir y realizar un proyecto de la mano de Jesús. La clave para llenar de significado nuestra vida está en corresponder a la oferta que Él nos hace, uniendo nuestro querer a su querer. Para ser feliz es necesario iluminar nuestros sueños, anhelos y metas poniendo atención a lo que Jesús nos ofrece, pide, sugiere y promete.

Jesús tiene un proyecto de vida para ti, por eso es necesario abrirnos a un discernimiento vocacional que nos permita descubrir la misión de nuestra vida, colocando las capacidades, estudios y profesiones en función del ser cristiano, comenzando a ver sin miedos y con valentía el matrimonio, el sacerdocio, la vida religiosa o un laicado comprometido como opciones válidas a las que puedo estar siendo llamado a entregar la vida.

El papa Francisco dijo a un grupo de jóvenes chilenos: “Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces fapienses que no tienes nada lta a nadie: Le haces falta a mucha gente y esto piénsenlo en su corazón: yo le hago falta a mucha gente.”

La misión es anunciar a Jesús. Pregúntate: ¿Cómo quiere Jesús que le anuncie en toda mi vida? ¿A quienes les puedo estar haciendo mucha falta? ¿Que pasos concretos debo dar hoy? Remplazar el egoísmo por la entrega generosa es una invitación para nuestra vida. Esta es la experiencia que nos colma de alegría, una vida que se da por Dios y por los demás, que nos lleva a reconocer humildemente, en el santuario de nuestro corazón, que yo soy una misión.

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