ComunidadEducación

¡La educación no puede parar jamás!

MONTGOMERY A. JOHNSON MIRONES, OCDS 

Revisando las distintas realidades del sistema educativo panameño, desde la óptica social y tecnológica, podemos ahora revisar la vigencia de la educación en tiempos de pandemia y crisis. Pero también tendremos que tomar en cuenta las diferencias entre la educación formal y la no formal, y probaremos por qué la educación no para jamás.

Veamos primero en el sistema formal, en la realidad ideal para muchos. Este es en el que el maestro cuenta con los aparatos y conexiones tecnológicos adecuados, en la comodidad de su hogar adaptado al trabajo. Los objetivos se están cumpliendo y las competencias se están construyendo.  Otros planteles de calendario extranjero, se han acogido a sus vacaciones de fin de año.

En la otra perspectiva, vemos la dificultosa situación por la que pasan maestros de escuelas particulares con contratos suspendidos, y los estudiantes ya no están recibiendo el contacto con sus maestros. Pareciera ser que literalmente se quedaron sin escuela.

Por el lado de la educación del sector oficial, el Ministerio ha mantenido regularmente clases a través de la televisión y radio, en distintas asignaturas y grados.  Muchos en la cercanía y lejanía toman esta oferta como una oportunidad para mantenerse activos intelectualmente.

Estos tres escenarios representan la educación formal, un pantallazo muy breve a la situación actual y venidera. Hace unos meses atrás, ante la suspensión de clases en el sector particular, muchos se alarmaron y calificaron el hecho con distintos adjetivos: positivos y negativos. Incluso surgieron tendencias en redes sociales que ilustraban el movimiento que la educación no para.  Y aquí es donde nos queremos enfocar: ¡la educación no puede parar jamás!

La educación formal, más que los recursos tecnológicos con que cuenten la escuela, la familia y los maestros, ante todas las cosas requiere de la voluntad de todas las partes de hacer lo que corresponda según sus roles. La vocación y el deseo ardiente de cumplir: educando en casa por parte de la familia, educando académicamente por parte del magisterio, y las ganas de querer aprender por parte de los educandos.  Cuando existe esa voluntad de querer hacer no habrá obstáculo tecnológico, social o económico que valga, porque la motivación intrínseca de mejorarse será el motor de empuje que nos mueva a buscar y encontrar las maneras de poder cumplir objetivos y alcanzar sueños. 

Para probar este caso, vemos la antítesis. Aquellos que, contando con todos los medios a su haber, deciden desaprovechar el trabajo y el aprendizaje.  A veces es en la necesidad cuando más valoramos nuestro entorno y las facilidades que tenemos. A estos, jóvenes y maestros, les contamos que en tiempos de dificultad es cuando tenemos oportunidad de brillar según nuestras capacidades. De no hacerlo, este tiempo pasaría en vano, sin sentido.  La educación encierra un tesoro, y para muchos es un sacrificio noble. Desperdiciarlo es una afrenta, tantos queriendo poder y las limitaciones a veces los golpea.

Pero por el otro lado de educación no formal, ya sea con o sin escuela: Zoom, Teams, MEREB o como se llame su plataforma o no, la educación jamás parará.  Lo que sustenta nuestra calidad humana serán los valores y principios que nos dignifican como personas.  Estas se aprenden en casa y se refuerzan en el colegio. Ser responsable y respetuoso primero se enseña en casa y se pone en práctica en la familia: nuestro primera escuela e iglesia doméstica. Nada reemplazará la escuela ni los maestros, pero en tiempos de dificultad es cuando más oportunidades podemos desarrollar. Podremos enfocarnos en lo que no enseña en la escuela: la educación para el hogar, reforzar responsabilidades y tareas caseras, construir relaciones familiares, tanto en el núcleo como en la familia extendida. En esta era digital, se han multiplicado los sitios de internet donde se puede seguir aprendiendo académicamente mediante tutoriales, así como también ejercitar pasatiempos y desarrollar habilidades artísticas, musicales, culinarias y tantas más.

La educación no parará jamás, y el rol del maestro será siempre la figura digna y modelo de juventudes. Lo que no podemos permitir jamás es dejar extinguir nuestra curiosidad y deseos de superación.

Artículo anterior

Los rostros de la crisis

Siguiente artículo

EL TALANTE DE PEDRO Y PABLO