Laicos

“El perdón es medicina”

Me tocó tratar con una persona cuyas actitudes no eran para nada buenas, y siendo sincera, se portó conmigo como jamás lo habría hecho un buen cristiano; y me da pena decirlo, pero yo estaba empezando a sentir un cierto rencor hacia esa persona. Pero allí está Dios, quien se encargó de hacerme un llamado de atención, y lo hizo a través de las palabras de un sacerdote, el cual dijo algo que me llegó al alma: “El pecado borra el rostro del prójimo y es el amor lo que nos debe distinguir”. Esto me sirvió para reflexionar sobre lo que me estaba pasando, y darme cuenta de que cuando dejamos de amar al hermano, sí empezamos a olvidar su rostro, y con ello también el rostro de Cristo y eso no lo podemos permitir.
El que no perdona se hace prisionero de sus odios, pues lo que hace verdaderamente grande a un ser humano es su capacidad de perdonar, de sonreír y de amar a quienes son incapaces de hacer lo mismo.
Hace unos días leía que “si todos fuésemos capaces de aprender a ser pacientes y tolerantes con quienes nos hacen mal, el resto de las cosas resultaría mucho más fácil y tanto la compasión como el amor fluirían a partir de allí con toda naturalidad”. Y es que uno llega a ser plenamente feliz cuando encuentra a Dios en cada persona, es decir, viendo a Dios en todas partes.
Hoy yo le puedo afirmar algo: que el perdón es medicina. Ahora yo tengo tan presente el rostro de esa persona que no me hizo bien, que sólo puedo sentir cosas buenas hacia ella, el recordar su rostro, o sea, el rostro de Cristo hace que mi corazón se llene cada vez más de amor y una vez más compruebo que este sentimiento es lo único que pude salvar al mundo.

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