Ganador de Héroes por Panamá 2025 demuestra cómo la solidaridad puede iluminar espacios marcados por el sufrimiento.
Por Marianne Colmenárez
Ronnie De Gracia se ha convertido en uno de los nombres más mencionados del país después de alzarse como ganador de Héroes por Panamá 2025, en su edición número quince.

Detrás del reconocimiento televisado y de la ovación del público por redes sociales, hay un joven católico cuyo servicio nació en silencio y creció entre gestos sencillos que hoy tocan, profundamente, a quienes lo conocen.
Con veintiocho años y residente en Nuevo Tocumen junto a sus padres, Ronnie es fiel a su parroquia San Carlo Acutis y mantiene un compromiso profundo con el Centro San Juan Pablo II, obra de misericordia de la Arquidiócesis de Panamá, que se convirtió en el corazón de su testimonio y la labor con la que se dio a conocer en el programa.
Un poco de su vida
Ronnie empezó desde niño, cuando su parroquia era aún la capilla El Buen Pastor, un pequeño templo en desarrollo y su madre colaboraba en la limpieza. Él y su hermana mayor fueron los primeros bautizados en ese espacio que marcó el inicio de su camino de fe.
Su infancia transcurrió entre la Escuela 24 de Diciembre y el colegio Elena Chávez de Pinate. A los quince años conoció al padre Domingo Escobar, quien lo invitó a visitar el Hogar Buen Samaritano.

Aseguró que ese encuentro definió su vida. Allí comenzó a acompañar a adultos mayores, a personas con VIH y a quienes pasaban con hambre por el parque de Juan Díaz.
“Cuando salía temprano de la escuela, yo me iba al Hogar Buen Samaritano a ayudar a los abuelitos, a las personas con VIH/Sida y a repartir comida. Hacía mis tareas en el recreo para poder tener el tiempo”, recordó con serenidad.
Mientras algunos compañeros se burlaban porque hablaba con “piedreros” o cuestionaban su entrega, tuvo la firmeza de responder con convicción. A uno de ellos le dijo: “yo prefiero hablar con diez de ellos antes que con una persona con actitud como la tuya, que se burla de su condición”. Desde entonces comprendió que acompañar al que sufre no es pérdida de tiempo, sino un acto de amor.
Su sensibilidad se profundizó cuando inició su segundo nivel de confirmación en la Basílica Menor Don Bosco. Allí observó a personas sin hogar esperando afuera del templo y comenzó a llevarles alimentos.
“Ver constantemente a los hermanos que viven en las calles, saliendo de la Basílica o de la Iglesia de Santa Ana, es algo profundo para mí; es un momento evangelizador, algo catequético”, confesó.
El paramédico de la calle

Hace ocho años conoció el Centro San Juan Pablo II y, desde entonces, forma parte activa de su misión.
Aunque trabaja como paramédico en una empresa, con turnos que pueden extenderse hasta setenta y dos horas, dedica sus días libres a su misión. “No importa que esté cansado, en mi día libre vengo para el Centro”, expresó sin queja alguna.
Conocido como el paramédico de la calle, Ronnie recorre Calidonia y Santa Ana con su botiquín para brindar atención primaria.
Algunos habitantes de calle lo cuidan, otros lo defienden en situaciones difíciles y muchos lo reciben como un hermano. Él lo resume con humildad: “para mí, ellos, los habitantes de calle, son mi galardón… honestamente”, dijo.
Devoto de María y San José
“Como cristiano católico puedo decir, con certeza, que la Virgen y San José no defraudan a nadie”, afirmó. Desde su etapa como seminarista consagró su camino a la Virgen de Lourdes. Su devoción a San José nació gracias a su director espiritual, el padre José Ramón (Chemita) Rodríguez.
El reconocimiento en Héroes por Panamá llegó como una sorpresa inmensa. Fue el favorito del público en una gala que reunió proyectos destacados en salud, ambiente, deporte e inclusión. Recibió una beca completa de la Fundación ASSA para estudiar Medicina con énfasis en Oncología.
Héroes por Panamá solo hizo visible lo que Ronnie ya vivía en la intimidad de su fe. Su historia confirma que la misericordia es capaz de mover corazones y transformar mundos.
