El Octavario por la Unidad de los Cristianos es un tiempo especial de oración en el que los cristianos de distintas Iglesias y comunidades cristianas rezan juntos y reflexionan para pedir a Dios el don de la unidad entre todos los seguidores de Jesús.
Pbro. Miguel Ángel Ciaurriz, OAR
No hay nada que le duela más a un padre que ver a sus hijos divididos y enfrentados entre sí. Es lo que le pasa a Dios, nuestro Padre, que es el Padre de todos, y a todos nos quisiera ver bien hermanados. La parábola del hijo pródigo, o diríamos mejor, del padre de la misericordia, recoge a la perfección este dolor del padre que no ve que su hijo mayor acoge al que vuelve a casa.
Preocupadas por ese dolor, las iglesias celebran cada año un octavario por la unidad de las iglesias separadas y distanciadas, que impiden a los que creemos en Jesús que seamos y nos sintamos realmente hermanos.
En este año, del domingo 18 al 25, concluyendo con la celebración de la conversión de San Pablo, los cristianos de todas las iglesias somos invitados a continuar con la oración de Jesús en la Última Cena: «Padre, que todos sean uno para que el mundo crea» (cf. Jn 17,21).
Es una celebración que se vive en todo el mundo, expresa el compromiso de los cristianos por caminar juntos y respetando la diversidad.
Cada año se encarga a una de estas iglesias la elaboración de unos materiales que ayuden a las demás a orar en común. Este año, las oraciones y reflexiones para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos han sido preparadas por los fieles de la Iglesia apostólica armenia, junto con sus hermanos y hermanas de las Iglesias armenias católica y evangélica.
La Iglesia apostólica armenia, que se remonta a los primeros tiempos de la cristiandad, que tiene sus orígenes en la predicación de los apóstoles Tadeo y Bartolomé. Esta Iglesia Apostólica Armenia es una de las iglesias cristianas más antiguas del mundo, con características muy distintivas. Fue la primera nación en adoptar oficialmente el cristianismo como religión de estado en el año 301 d.C., bajo el rey Tiridates III y gracias a la evangelización de San Gregorio el Iluminador (por eso también se le llama Iglesia Gregoriana Armenia). Esto ocurrió, incluso, antes de que el Imperio Romano adoptara el cristianismo.
Este octavario nos debe permitir interesarnos por conocer un poco más esta iglesia, que tanto ha sufrido. Su sufrimiento es el de todo su pueblo, que padeció el conocido Genocidio Armenio (1915-1923). Este es, sin duda, el evento más traumático de la historia armenia moderna.
Durante el Imperio Otomano, especialmente entre 1915-1917, se produjo el exterminio sistemático de la población armenia. Se estima que murieron entre 1 y 1.5 millones de armenios mediante masacres, marchas forzadas al desierto, hambruna y deportaciones. Miles de iglesias y monasterios fueron destruidos. Este genocidio dispersó a los armenios por todo el mundo, creando una gran diáspora.
La de Armenia es una iglesia oriental. No aceptó las definiciones del Concilio de Calcedonia (451 d.C.), por eso le dice “no calcedónica”; sobre las dos naturalezas de Cristo. Los armenios sostienen una cristología llamada “miafisita”, que enfatiza la unidad de la naturaleza divina y humana en Cristo, aunque rechazan el monofisismo (que niega la naturaleza humana de Cristo). Tiene su propia liturgia, conocida como el rito armenio.
Usa el idioma armenio clásico (grabar) en sus servicios. Tiene un calendario litúrgico propio, con celebraciones únicas, y celebra la Navidad y la Epifanía juntas el 6 de enero. Su identidad está profundamente entrelazada con la identidad nacional armenia, habiendo preservado la fe a través de siglos de persecuciones, que han marcado su historia y su sentido de la historia.
Reflexiones
Las reflexiones preparadas este año por la Iglesia Armenia se basan en la Carta de San Pablo a los Efesios (Ef 4,4): “Un solo Espíritu, una sola esperanza”.
En los materiales divulgados para unirnos todos los cristianos en este octavario de oración por unidad se destaca que el Patriarcado Armenio de Constantinopla tuvo un rol destacado, mostrando la riqueza de las iglesias orientales en el diálogo ecuménico.
La Iglesia armenia, con su historia marcada por la fidelidad y el sufrimiento, aporta una perspectiva única sobre la unidad y la esperanza en medio de las divisiones.
