, ,

Mons. José Agustín Ganuza y su gran legado misionero

Mons. José Agustín Ganuza y su gran legado misionero

Más que un registro de fechas, la vida de monseñor José Agustín Ganuza García se narra en las huellas que dejó grabadas en la Iglesia panameña, de manera particular en la Prelatura de Bocas del Toro.

 

Por Betzaida Toulier U

La trayectoria de monseñor José Agustín Ganuza García se define por una fecunda labor espiritual y una inquebrantable fidelidad a su misión. Reconocido como un misionero silencioso que confió siempre en la obra divina, su paso por la vida religiosa y el ministerio episcopal dejó una huella profunda en la Iglesia.

 

Un legado de lucha y compromiso

Más allá de su condición de sacerdote y obispo, monseñor Ganuza es recordado como un ser humano inspirador y cercano, cuyo mayor aporte a la Iglesia panameña fue su apoyo incondicional a los pueblos indígenas.

A esta faceta humana y social, se refirió el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, el pasado 24 de febrero, durante las exequias de monseñor Ganuza, en la Parroquia San Lucas de Costa del Este.

Dijo que monseñor Ganuza comprendió algo profundamente evangélico; que el Evangelio no aplasta las culturas, sino que las ilumina. Por eso, muchos lo recuerdan no solo como obispo, sino como su amigo y defensor.

Agregó que para muchos pueblos indígenas no fue simplemente una autoridad eclesial; fue alguien que se sentó con ellos, que escuchó sus luchas, que respetó su cultura y que defendió su dignidad.

Ese mismo rasgo destaca el padre Jorge Sarsaneda, su exalumno, que sin titubear recuerda que el religioso agustino recoleto mantuvo una postura firme en la defensa de la Pastoral Indígena y se caracterizó por un acompañamiento constante a las comunidades, abrazando sus luchas y sueños como propios, consolidando así un legado de hermandad y justicia social en Panamá.

 

El sello de San Agustín

Monseñor José Agustín Ganuza fue formado en la Universidad Pontificia de Comillas y forjado en el carisma de los Agustinos Recoletos. En esa familia religiosa encontró un camino espiritual que marcaría toda su vida: la interioridad de San Agustín, la vida fraterna y el espíritu misionero.

Esa formación la hizo vida a su llegada a Panamá. Su primera labor fue la docencia en el Colegio San Agustín. En sus aulas formó a numerosos jóvenes, entre sus alumnos estaba Guillermo Tejada, presente en el funeral.

“Monseñor no solo formó estudiantes; forjó ciudadanos con valores. Verlo vivir con esa coherencia entre lo que enseñaba y lo que hacía, me dejó claro que nuestra profesión debe ser, ante todo, un acto de fraternidad”, indicó el ahora médico, especialista en pediatría y doctorado clínico en Medicina de Rehabilitación.

 

Misionero entregado y jovial

Durante más de medio siglo de ministerio episcopal, vivió como lo que siempre fue en lo más profundo: un misionero.

Como dijo monseñor José Domingo Ulloa, “no fue un obispo de despacho. Fue un obispo de camino. Conocía las comunidades, visitaba lugares remotos, recorría ríos y montañas para encontrarse con su gente”.

Pero también alegre y jovial. Así lo describió su hermano de comunidad, padre Miguel Ángel Ciaurriz.

 “De monseñor José Agustín destacaría su cercanía, su simpatía y gran sentido del humor. Siempre contribuía con su jovialidad al buen ambiente comunitario y fraterno”, señaló el padre Ciaurriz.

 

Un testigo fiel

En la Parroquia San Lucas se despidió a un pastor que hizo de Panamá su hogar definitivo. Se va el misionero que hizo de Panamá su verdadera patria, dejando tras de sí una Iglesia más humana, más consciente de sus raíces originarias y profundamente arraigada en el ideal de fraternidad que marcó toda su existencia.

El legado de Monseñor Ganuza sobrevive en cada comunidad que pastoreó durante casi 40 años en Bocas del Toro y en la memoria de un pueblo que vio en él la encarnación de una vida tejida con paciencia y fe.

 

Testimonio

 

José D. Ulloa M.

Arzobispo Metropolitano

“La vida de Mons. Ganuza fue la semilla cuyos frutos vemos ahora en la memoria agradecida de los pueblos indígenas y en la historia de la Prelatura de Bocas del Toro”. 

 

Jorge Sarsaneda

Exalumno

“Fui consagrado sacerdote de manos de Mons. Ganuza. Él enfrentó duras críticas y desafíos por su firme postura en defensa de la Pastoral Indígena”. 

 

 

Pbro. Miguel Ciaurriz

“Me ordenó sacerdote. Ese día, con sus manos sobre mi cabeza, sentí que Dios me llamaba a la misión por tierras de América Latina”. 

 

 

Dr. Guillermo Tejada

Exalumno

“Le debo, en gran medida, la brújula ética con la que hoy ejerzo mi carrera y atiendo a mis pacientes. Se va el maestro, pero se queda su obra”.