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Resurrección que une a familias en alegría

Resurrección que une a familias en alegría

Dos hogares católicos comparten cómo los movimientos a los que pertenecen les han enseñado a vivir con mayor gozo la Pascua del Señor. 

 

Por Marianne Colmenárez

La Pascua no solo se celebra en el templo. También se vive en casa, en comunidad y en los pequeños gestos que hacen visible la alegría de la Resurrección. 

En la Arquidiócesis de Panamá, dos familias, una panameña y otra migrante, muestran que, desde distintos carismas, la Iglesia se vive como una sola familia unida en la misma esperanza.

María Sofía Hernández y Pedro Cáceres, junto a sus hijos, viven esta experiencia desde el Camino Neocatecumenal.

“Nos preparamos desde el Miércoles de Ceniza. Vamos todos a misa y allí nos encontramos con la comunidad. Es un tiempo que vivimos unidos como familia”, relata María Sofía.

Durante cada Cuaresma, la oración, la limosna y el ayuno se vuelven prácticas concretas que también involucran a los hijos. “Es hermoso ver cómo, incluso los más pequeños, lo viven. Les cuesta, pero lo asumen con alegría. Salomón, de 12 años, e Irene, de 10, se entusiasman al descubrir que no son los únicos que ayunan, sino que todos los niños de la comunidad lo hacen”, comenta.

Para esta familia venezolana, radicada en el istmo desde hace 14 años, la Vigilia Pascual ocupa un lugar especial.  

“Nuestros muchachos saben que deben descansar en la tarde del sábado para permanecer despiertos en la Vigilia. Juntos, ensayan los cantos, se preparan y comparten sus experiencias de este tiempo. Así, se sienten acompañados y sostenidos por su comunidad”, expresa María Sofía.

Para Pedro, sus hermanos del camino han llenado el espacio de la familia extendida que dejaron atrás. No tenemos abuelos ni tíos aquí, así que ellos se han convertido en eso para nosotros”, afirma.

 

Signos que construyen unidad

La experiencia comunitaria se vuelve especialmente intensa durante la Vigilia. La luz compartida, los cantos y la comunión vivida en unidad refuerzan el sentido de pertenencia.

“Cuando se enciende el cirio y compartimos la luz, sentimos que es la misma para todos. Somos un solo cuerpo”, destaca Pedro.

Los hijos mayores, Vayhoreth, de 20 años, y Emmanuel, de 17, participan en sus propias comunidades, mientras el matrimonio permanece unido.

“Este año, Pedro y yo viviremos la Vigilia en la Catedral Metropolitana; para nosotros significará también una renovación de nuestros votos matrimoniales junto a todos los hermanos”.

 

La alegría que se aprende en casa

Con gestos sencillos, Juan y Tayra han sembrado la fe en sus hijos.

Por su parte, Juan Manuel Vásquez y Tayra Pinzón viven la Pascua junto a sus tres hijos y sus hermanos del movimiento Matrimonios en Victoria, donde la celebración adquiere un sentido profundamente familiar.

Para este matrimonio, la Eucaristía es el signo central que los une.  “El saludo de la paz, la oración compartida y hasta los momentos de convivencia hacen que nos sintamos parte de una gran familia”, destaca Juan Manuel.

Ambos coinciden en que el carisma de Matrimonios en Victoria, centrado en el amor conyugal y la vida familiar desde Cristo, les permite experimentar la Resurrección en la vida cotidiana. 

“A través del testimonio de otras parejas, descubrimos que siempre hay oportunidad de recomenzar, perdonar y amar mejor”, afirma. 

Tayra destaca que, como padres, procuran ser catequistas en la vida cotidiana, enseñando a sus hijos que la alegría también se expresa en tradiciones sencillas. 

 “Algunos juegos, como la búsqueda de huevitos de Pascua, ayudan a acercarlos al mensaje. Así entienden que Jesús ha resucitado y lo celebran con mucha emoción”, añade.

La familia también resalta el valor de los espacios formativos que sus niños viven en el colegio. “Valoramos mucho los talleres escolares, donde refuerzan de manera vivencial el significado de la Pascua. Todo esto nos hace sentir parte de una sola gran familia que celebra con alegría la Resurrección”, resalta.