Devoción a Santa Librada

Devoción a Santa Librada

Un recorrido por los 301 años de la devoción a Santa Librada de Las Tablas, desde la llegada de los peregrinos hasta la consolidación de su templo.

Por Jerónimo J. Escala P.

En este año 2026, la devoción a Santa Librada de Las Tablas cumple 301 años de existencia.

Todo comenzó cuando la antigua ciudad de Panamá fue atacada y saqueada por el pirata inglés Henry Morgan. El 28 de enero de 1671, el pánico y el terror provocaron la huida de muchos habitantes hacia la isla de Taboga. Desde allí se embarcaron en el navío Santísima Trinidad, propiedad del capitán español Francisco de Peralta, quien los condujo hasta las costas de la península de Mensabé.

Los peregrinos llegaron más allá de la desembocadura del río Cubitá, conocido también como La Villa, cerca del farallón de Cubitá. Allí desembarcaron y se internaron en tierra firme buscando un lugar alejado del mar para evitar el acecho de los piratas.

Desde la Villa de Los Santos continuaron por una llanura y fueron recibidos por vecinos españoles asentados en tierra firme. Eran familias castellanas y andaluzas establecidas en la región.

El destino final fue una quebrada llamada La Ermita. En una pequeña loma existía un asentamiento conocido como La Ermita de la Santa Cruz, compuesto por españoles y criollos procedentes de la Villa de Los Santos. Allí se establecieron los peregrinos provenientes de Panamá La Vieja, llevando consigo la imagen de Santa Librada. Durante el trayecto desde Panamá hasta Mensabé iban rezando y decidieron levantar una ermita junto a la quebrada cercana a la Ermita de la Santa Cruz.

Con las tablas de los botes que iban llegando y los mangles que cortaban los peregrinos construyeron sus casas. Como las viviendas eran de tabla, al nuevo poblado comenzaron a llamarlo el Pueblo de Tabla o Las Tablas, nombre que conserva hasta nuestros días.

No fue fácil levantar aquel poblado. Cuando colocaban las estacas para marcar el sitio, el 4 de mayo de 1671 llegó un sacerdote acompañado de dos frailes desde la Villa de Los Santos. El domingo siguiente, después de misa, reunió a la congregación y a los mayordomos de la cofradía para comunicarles, por orden del cura rector de la parroquia de la Villa de Los Santos, que debían suspenderse las labores de demarcación y retirarse las estacas colocadas en Las Tablas, Guararé, la pasaera (hoy Pasera), Perales y otros lugares donde existían asentamientos de vecinos.

En el primer artículo se establecía que, para fundar y construir un templo, los encomenderos aportarían un tercio de su valor; los indígenas contribuirían con otro tercio mediante su trabajo, y la Corona administraría el tercio restante aportado por los vecinos, todo ello a través de la Iglesia. Sin embargo, en la región ya no existían encomiendas —pues habían sido derogadas años antes— ni tampoco población indígena sujeta a ese régimen. Por esa razón, los pobladores ganaron el caso.

El 31 de diciembre de 1730, don Agustín Rodríguez Delgado, obispo de Panamá, elevó la Ermita de Santa Liberata de Las Tablas a iglesia dependiente de la Vicaría y Parroquia de la Villa de Los Santos. Más tarde, en 1797, fue elevada a parroquia por el obispo Remigio de la Santa y Ortega, el mismo que había consagrado la Catedral de Panamá la Nueva.

Con la elevación de la iglesia de Las Tablas a parroquia, todas las ermitas e iglesias del sur de la península de Azuero pasaron a depender de ella y de la Vicaría de la Villa de Los Santos.

A la iglesia de Las Tablas se le construyeron dos torres; sin embargo, un fuerte temblor causó daños en la estructura y provocó la caída de numerosas imágenes. La imagen de Santa Librada fue colocada en el centro de la plaza, mientras que otras imágenes fueron llevadas a distintos puntos del distrito, donde permanecieron y fueron adoptadas como patronos locales.

La iglesia volvió a ser reconstruida después de que, en 1958, un voraz incendio destruyera gran parte de su interior. Para evitar que las llamas consumieran todo el templo, acudieron en auxilio los bomberos de la Villa de Los Santos, Chitré y Las Tablas, quienes lograron controlar el fuego y salvar la estructura principal.

Posteriormente, el templo fue restaurado y desde entonces ha permanecido en servicio, recibiendo a sus fieles cada domingo y especialmente durante las festividades de Santa Librada, cuya devoción ya no pertenece únicamente a los tableños, sino a todo el país. En la iglesia también reposan los restos de doña Juana Gumercinda Barahona de León, madre del caudillo tableño y tres veces presidente de la República, doctor Belisario Porras Barahona.

( Lo expresado en este artículo es responsabilidad de su autor).