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¿Cómo acompañar el duelo?

¿Cómo acompañar el duelo?

Este congreso busca fortalecer las competencias profesionales en el abordaje del duelo, la intervención en crisis y los cuidados al final de la vida, promoviendo una atención más humana, integral y oportuna en beneficio de la población.

 

Por Herminia Rivera

La Fundación Piero Rafael Martínez de la Hoz, en conjunto con la Asociación Panameña de Psicólogos, celebrará los días 20, 21 y 22 de agosto el VI Congreso Interdisciplinario de Duelo e Intervención en Crisis y la II Jornada Nacional de Cuidados Paliativos, en el auditorio Benjamín Ayechu de la Universidad Santa María La Antigua (USMA).

La magíster Alba Mireya Escobar Muñoz es una de las conferencistas invitadas. Ella conversó con Panorama Católico.

 

P.C.: ¿Cuáles son las principales dificultades para afrontar de manera saludable la pérdida de un ser querido?

A.E.M.: Creo que una de las mayores dificultades es que, culturalmente, nos han enseñado a ser fuertes, pero no a sentir. Muchas personas creen que llorar es un signo de debilidad o que deben recuperarse rápidamente para no preocupar a los demás.

El duelo necesita ser vivido, no evitado. Cuando reprimimos el dolor, este no desaparece; simplemente encuentra otras formas de manifestarse: ansiedad, depresión, enfermedades físicas, aislamiento o dificultades en las relaciones.

Además, vivimos en una sociedad que no siempre sabe acompañar. Queremos que quien sufre “esté bien” a la mayor brevedad posible, cuando, en realidad, lo que más necesita es sentirse escuchado, comprendido y que le permitan vivir su proceso.

 

P.C.: ¿Cómo distinguir un duelo normal de uno que requiere atención profesional?

A.E.M.: Todos los duelos tienen sus retos personales. Producen tristeza, llanto, desorientación, enojo e incluso culpa. No hay un tiempo que defina el período del duelo; cada persona lo transita de manera diferente. Todo eso forma parte del proceso.

Lo que nos alerta es cuando ese dolor deja de transformarse y comienza a paralizar la vida de la persona. Debemos prestar atención cuando, después de varios meses, la persona pierde completamente el sentido de vivir; se aísla de manera permanente, presenta ideas suicidas, desarrolla consumo de alcohol o sustancias, no puede retomar ninguna actividad cotidiana, vive con una culpa incapacitante o permanece emocionalmente detenida, como si la pérdida hubiera ocurrido ayer.

 

Para mayor información,  llama al 227-7498 / 0718 o 6613367 o en sus redes sociales.

 

P.C.: ¿Qué herramientas considera fundamentales para los agentes pastorales?

A.E.M.: Los agentes pastorales necesitan tener un corazón dispuesto a acompañar, escuchar abiertamente y sin juzgar; respetar el ritmo de cada persona, validar las emociones, ofrecer esperanza sin negar el dolor y saber cuándo es necesario remitir a un profesional. Hay silencios que son necesarios y acompañan más que los discursos.

 

P.C.: ¿Cómo cambia el duelo según la etapa de la vida?

A.E.M.: Cada etapa vive el duelo de manera distinta. El duelo no es una enfermedad; es una expresión natural del amor. El dolor se determina por el vínculo con el ser querido.

El duelo es el proceso mediante el cual aprendemos a detenernos, revisar, sentir y reorganizar nuestra vida sin la presencia física de esa persona, integrando su recuerdo de una manera saludable.

Los niños no entienden completamente la muerte; necesitan explicaciones claras, sinceras y mucho afecto, expresado a través del comportamiento.

Los adolescentes suelen expresar el dolor mediante cambios de conducta, aislamiento o, incluso, enojo. Necesitan espacios seguros donde puedan expresar lo que sienten sin ser juzgados. Los adultos enfrentan, además del dolor emocional, las responsabilidades familiares, económicas y sociales que deja la pérdida.

No existe una única manera correcta de hacer duelo. Cada persona necesita ser acompañada según su historia, su edad y sus recursos emocionales.

 

P.C.: ¿Qué frases debemos evitar?

A.E.M.: Hay frases muy comunes que, aunque nacen del cariño, pueden aumentar el dolor.

Por ejemplo: “Tienes que ser fuerte”, “Ya está en un lugar mejor”, “El tiempo todo lo cura”, “Dios sabe por qué hace las cosas” o “Ya deberías superarlo”. Todas estas frases intentan cerrar el dolor demasiado rápido.

En cambio, ayudan mucho, expresiones como: “Estoy aquí contigo”, “No imagino exactamente lo que estás sintiendo, pero quiero acompañarte”, “Puedes llorar” o “No tienes que pasar por esto solo”. Muchas veces, la mejor ayuda no está en las palabras, sino en la presencia.

 

Perfil La magíster Alba Mireya Escobar Muñoz, expositora internacional, es psicóloga y especialista en Gestión del Talento Humano, con una amplia trayectoria en el acompañamiento emocional, el desarrollo personal y la formación de personas y organizaciones. Es licenciada en Psicología por la Universidad Piloto de Colombia y cuenta con una especialización en Gestión del Talento Humano de la Universidad Sergio Arboleda, además de otros estudios de posgrado y formación especializada que han fortalecido su experiencia profesional.