Su devoción cruzó los mares del viejo continente y llegó a un lugar que cada año se convierte en santuario para miles de fieles.
Por Raúl López Aranda
En la iglesia y en las calles del pueblo veragüense abundan los testimonios de favores y milagros concedidos por el Cristo que veneran. Quienes aseguran haberlos recibido no dudan en compartirlos. Es su manera de agradecer y de propagar la devoción.
Hace 23 años, la señora Fátima Zeballos esperaba con ilusión el nacimiento de su bebé. Sin embargo, la alegría se tornó en angustia cuando el embarazo se complicó.
Tras varios exámenes médicos, se determinó que su hijo presentaba problemas cardíacos y posible hidrocefalia. Con 23 semanas de gestación, la ginecóloga recomendó interrumpir el embarazo.
Desesperada, pero firme en su decisión de tener a su hijo, Fátima dobló rodillas y pidió al Nazareno que su niño naciera sano. Poco tiempo después dio a luz a un bebé rebosante de salud, quien hoy es licenciado en Contabilidad.
“Gracias a la intervención de Jesús se produjo el milagro y su vida fue salvada”, recordó con gratitud y emoción.
La señora Dalis también tiene mucho que agradecer al Nazareno de Atalaya. En 2017, ella y su familia recibieron una noticia que los estremeció. Su nieta de nueve años fue diagnosticada con leucemia y, desde una cama de hospital, luchaba contra la enfermedad en estado grave.

Los médicos les advirtieron que solo le quedaban 48 horas de vida. Entonces, la señora Dalis se arrodilló y le dijo al Nazareno que quería tomar el lugar de su nieta, que apenas comenzaba a vivir.
“Vi una lucecita y le dije a mi hermano, estábamos llorando, mi nieta sale de aquí, porque sale” expresó.
Contra todo pronóstico médico, el milagro llegó. “Horas después nos llamaron para informarnos que uno de los pulmones estaba funcionando y que sus riñones estaban mejor”, agregó.
De aquella experiencia quedó el recuerdo doloroso, pero también la certeza de que, cuando se pide con fe, todo es posible. Hoy su nieta tiene 17 años y está completamente sana.
Muchos también hablan de otros milagros, los que transforman corazones, cambian vidas y acercan a Jesús a quienes estaban alejados. Son testimonios de personas que heredaron la devoción de sus antepasados.

Es el caso de Lula López, quien asegura que fueron sus abuelos maternos quienes le transmitieron esa fe.
“Recuerdo que cuando era niña los acompañaba desde que iniciaba la festividad. Asistía a algunas novenas. Mi abuelo siempre iba a la misa del primer domingo de Cuaresma”. Ya adulta, participaba cantando en las novenas y en la misa del sábado previo a la gran procesión.
Para ella, Atalaya es el cofre de dos tesoros. “Es el distrito más pequeño de Veraguas y posee la Basílica Menor San Miguel Arcángel y la imagen del venerado Jesús Nazareno, cuyos milagros traspasan fronteras”.
Además, comenta que suele visitarlo antes del Miércoles de Ceniza para orar con mayor recogimiento.
A pocos metros de la Basílica Menor vive la señora Luzmila Herrera. Se siente bendecida por haber nacido y crecido en Atalaya, tierra de su amado Nazareno. “Mi devoción es una hermosa herencia de mis padres atayaleros, que ya no están con nosotros, pero nos inculcaron ese amor, respeto y admiración”, señaló.

La familia Herrera vive esta fiesta religiosa con alegría. “Desde el primer día de la novena es emoción, cantos y agradecimiento”, manifestó. Hospitalarios y cercanos, reciben a devotos y peregrinos en el patio de su casa.
“Hablar de los milagros recibidos sería hablar de la vida misma de cada miembro de mi familia. Somos una familia grande y nuestro Nazareno siempre nos da fuerza en los momentos en que lo hemos invocado”, expresó Luzmila.
El Nazareno de Atalaya representa amor, paz y alegría de vivir y servir. Es el amigo incondicional de los atalayeros y de miles de panameños que lo veneran y le piden con fe, no solo en estas fiestas, sino durante todo el año.
