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Los peregrinos del Nazareno, una larga caminata abrazada por la fe

Los peregrinos del Nazareno, una larga caminata abrazada por la fe

Devotos caminan cada febrero hacia Atalaya para agradecer y pedir favores al Nazareno.

 

Por Raúl López Aranda

Todos los años, en el mes de febrero, miles de panameños inician un viaje para visitar al Jesús Nazareno de Atalaya. Algunos hacen la travesía para agradecer el milagro concedido, otros para pedir uno. Ellos caminan abrazados por ese Cristo que nunca les falla. Son historias que nunca se olvidan.

Desde su infancia, el doctor Ibis Sánchez-Serrano y su familia han tenido una estrecha relación espiritual con el Nazareno. Sucede que en su niñez fue un niño enfermizo y su madre lo llevaba a la Basílica Menor de Atalaya para pedir por su salud.

Ibis Sánchez-Serrano siempre fiel al Nazareno.

“Mi mamá ofrecía mandas, una de ellas era vestirnos con un hábito morado, para hacer la caminata desde calle décima en el centro de la ciudad de Santiago de Veraguas, siguiendo por la carretera Interamericana y luego tomábamos el camino de tierra que había en La Florecita”, recordó.

Ese camino conducía al distrito de Atalaya. “La trayectoria duraba unas dos horas, porque éramos niños pequeños, había muchos adultos mayores, caminábamos en la oscuridad, usábamos pequeñas linternas para alumbrarnos y llegar más rápido”, rememoró.

Cuando llegaban a Atalaya, el doctor Sánchez-Serrano, su madre y sus hermanos desayunaban antes de trasladarse a la puerta de la Basílica Menor. “Mi mamá pagaba la manda desde la entrada de la iglesia hasta el altar donde se encontraba la imagen del Nazareno. Lo hacía prácticamente arrodillada”, indicó.

“En una de esas peregrinaciones mi mamá se sintió muy conmovida, porque me pidió que la esperara en la puerta de la iglesia, pero yo la seguí de rodillas, fui hasta Jesús Nazareno. Al mirar hacia atrás ella me vio y se emocionó”.

Su madre siempre ofrecía al Nazareno una medalla votiva, por ejemplo, una piernita, una cabeza, un brazo o un corazón de oro o de plata que se le colocaba en el vestido.

Durante la pandemia provocada por el Covid-19, el doctor Ibis Sánchez-Serrano le pidió al Nazareno que lo ayudara a conseguir equipos para el Hospital Luis “Chicho” Fábrega. La petición fue concedida y él nuevamente hizo el peregrinaje.

 

Es un peregrinaje que la señora Fátima Zeballos ha vivido con profunda fe. Durante 15 años ella caminó hacia Atalaya.

 

Desde la iglesia de Santiago de Veraguas hasta la Basílica Menor hacía la travesía para pedir por la sanación de su hermano, que enfrentaba problemas de salud.

Fátima Zeballos agradece al Nazareno su guía constante.

 “Mi madre no podía hacerlo, porque tenía dolores constantes en sus piernas”, señaló. “La manda de mi mamá era ofrecer 100 platos de comida y refresco. No abarcaba a toda la población, porque eran muchas personas, pero Dios no ve cantidad, sino generosidad”, agregó.

Su padre, quien ya partió al encuentro con el Señor, también fue peregrino de la fe. Caminaba desde Divisa hasta la Basílica Menor de Atalaya. Llevaba una estampilla de Jesús y un rosario en la mano.

La señora Fátima cuenta que su hermano ha mejorado y ahora él asiste a la casa de Dios en señal de agradecimiento. “Debemos recordar que todos enfrentamos situaciones duras, pero Jesús Nazareno nunca nos abandona ni nos abandonará, porque Él nos mira con amor y compasión”, puntualizó.

Son las historias de dos peregrinos que viven la fe desde su infancia. Ellos no dudan en recomendar la devoción a Jesús Nazareno de Atalaya. Hoy tienen mucho que agradecer y están seguros de que, cuando lo necesiten, Él les concederá un favor o un milagro.