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Tiempo de la esperanza

Tiempo de la esperanza

El Adviento recuerda a los cristianos su identidad y llama a vivir con auténtica esperanza, evitando reducir la fe a simple celebración cultural.

 

Por Mons. Manuel Ochogavía 

El Adviento se convierte en el tiempo más significativo para vivir la esperanza. El clamor de todos los cristianos, cuando elevan al cielo el MARANATHA típico de estos tiempos, nos revela el deseo de que lleguen tiempos mejores.

El nacimiento del Mesías en el portal de Belén no es solamente un acontecimiento que marca un hito en la historia de la humanidad, sino que devuelve al propio corazón del hombre la certeza y la seguridad de que Dios no se ha olvidado de él, y que cumple su promesa de hacerse cercano, de cambiar todas las cosas, de hacer nueva toda la creación.

Pero, en la entraña de la celebración de este tiempo, aparece el signo propio de la espera de todos los cristianos por la llegada definitiva del Reino de Dios al final de los tiempos.

Más allá de la ternura del bebé que llora en los brazos de su madre en Belén, los cristianos aclamamos a Dios porque pase la figura de este mundo y venga ya el REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES a establecer su dominio definitivo en toda la creación.

Pero ¿a qué nos invita el Adviento realmente? Nos invita a ir más allá de nosotros mismos, a no quedarnos hoy en la superficialidad de la moda del consumo, a la idea de que es solo una fiesta para niños.

Es que nos hemos dejado robar este tiempo; nuestras tradiciones, firmemente fundadas en los principios católicos, han cedido a la invasión de la cultura extraña y laicista o a la negación de la celebración propia del nacimiento del Hijo de Dios. No es extraño entonces que ya no se felicite por Navidad, hoy simplemente se dice FELICES FIESTAS porque ya el Niño no importa, lo que importa es celebrar una fiesta anónima en la que el mismo Dios no participa.

Hoy, con la excusa del respeto a las otras religiones, con una tolerancia suicida, acabamos olvidándonos de nuestro propio Dios y Salvador. Hemos perdido identidad, sentido de pertenencia y el valor particular de nuestras tradiciones. Somos cristianos y la razón fundamental de este tiempo es el celebrar que el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, se hizo hombre, vivió entre nosotros; Él es la esperanza, Él es el tiempo nuevo, y no podemos, por fidelidad a Él, dejarnos convencer por el fallido y fatuo mundo que desfigura el sentido sagrado de esta fiesta.

En este tiempo de Adviento, que se nos note que celebramos el nacimiento de Jesús, esta es nuestra cultura, es nuestra identidad; que nadie nos prohíba celebrar esta solemnidad, que en todos los lugares reine nuestro Señor Jesucristo.