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BENDICIONES AL PADRE EN SU DÍA

Nuestro país celebra este domingo 17 de junio el Día del Padre, motivo que nos permite mirar y reflexionar sobre la figura de aquel hombre que nos dio la vida o de aquel que sin ser un padre biológico ha asumido esta responsabilidad con amor.

No en pocas ocasiones solo se ha visto al ‘buen padre’, como el ‘proveedor’ para satisfacer todas las necesidades materiales. El padre es más que eso, es quien demuestra su hombría, en la medida que es capaz de donarse por sus hijos, de velar sus sueños, de estar con ellos en los momentos difíciles: como en su enfermedad, su pubertad, su madurez.

Cada día son más los padres que quieren participar en los cursos prenatales; estar en el quirófano para participar del nacimiento de sus hijos, y capacitarse en el cuidado del bebé. Son más quienes desean estar más integrado a la madre en todo ese proceso de la atención de sus niños.

Sabemos que estos son signos alentadores, pero aún falta más. Hoy más que nunca debemos recuperar la figura de ese padre amoroso, que coloca como su prioridad el compartir el gozo en la crianza de los hijos.

No se puede sustituir la figura paterna. Y así lo define la misma naturaleza, porque para engendrar un hijo se necesitan un hombre y una mujer. Así también se requiere de ambos para el desarrollo de la nueva criatura. No hay “padre-madre”, porque el padre es padre y la madre es madre. Las figuras paterna y  materna son complementarias, una con la otra. Juntos, tomados de la mano, padre y madre, guían al hijo en el camino de la vida.

Querido padre, al iniciar la Semana de la Familia, celebrando tu día, posamos la mirada en ti para decirte  que necesitamos tu presencia en nuestras vidas. Te necesitamos para que nos ayudes a caminar en tiempos de confusión, cuando sentimos que nos abaten los problemas; en los momentos de tristeza y soledad, porque tu firmeza nos brinda seguridad.

Y en la Iglesia también te necesitamos. Sabes comunicar la fe a tus hijos. Enséñales a rezar si son pequeños. Aliéntalos a vivir como Dios pide, si están grandes. A ganarse el pan con el sudor de la frente. A ser ciudadanos honestos y comprometidos con el bien común.

Elevo una oración por los papás que sufren por sus hijos y su familia; por los que tienen dificultades en el trabajo; por aquellos que agrandan el corazón y buscan llevar al hogar nuevos hijos por la adopción.

Felicitamos a esos padres responsables y amorosos; pero igualmente alentamos a aquellos que no han sabido cómo asumir una paternidad responsable, para que desde este momento brinden a sus hijos esa oportunidad de crecer junto a él.

A Dios Padre le doy gracias por todos los papás  en nuestra tierra panameña; y le imploro a nuestra Madre Celestial, bajo la advocación de Santa María la Antigua, que acompañe a todos los padres en tan hermosa misión.

Les bendice,

 

José Domingo Ulloa Mendieta osa

Arzobispo de Panamá

 

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