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Eutanasia: no es más que falsa compasión

Eutanasia (del griego “eu” y “thanatos”, que significa ‘buena muerte’) es la acción u omisión que acelera la muerte de un paciente desahuciado, con su consentimiento, con la intención de evitar sufrimiento y dolor. La eutanasia está asociada al final de la vida sin sufrimiento.

Los esfuerzos por cambiar políticas gubernamentales sobre la eutanasia en los siglos XX y XXI han tenido un éxito limitado. Por otra parte, las políticas sobre eutanasia han sido desarrolladas también por organizaciones no gubernamentales, principalmente asociaciones médicas.

La eutanasia en humanos es legal en Países Bajos, Bélgica, Colombia y Luxemburgo. El suicidio asistido es legal en Suiza, Alemania, Japón, Canadá y en los estados estadounidenses de Washington, Oregón, Colorado, Vermont, Montana y Washington D. C.,  y California.

En opinión de algunos, las consecuencias de la regulación de eutanasia acabarán inexorablemente en que otros decidirán qué vidas son dignas o no de ser vividas.

Algunas asociaciones a lo largo del mundo, que promueven los cuidados Paliativos y Sociales vs. Eutanasia, consideran que la eutanasia corrompe el primer principio de la medicina, que es actuar para el bien del enfermo.

El final de la vida debe ser tratado como una “fase natural en la que se ayude al paciente siempre respetando su dignidad como persona” y que ante situaciones dramáticas y terminales “se elimine el dolor del paciente y no al paciente”. Por lo que propusieron los cuidados paliativos como única solución ética posible.

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