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La fantasía de creerse un buen padre sin ser un buen esposo

La sociedad “moderna” nos bombardea de mensajes sobre cómo vivir la libertad al máximo. Qué maravilloso sería usar toda esa inversión publicitaria que busca vendernos bienes superfluos y pasajeros en que sepamos usar la libertad como se debe.  Esto es alinear la voluntad a fines buenos, los más altos, los que Dios nos enseña.  Gracias a esta nueva subcultura, tenemos superávit de personas egoístas, menos comprometidas con los demás, familias no solo rotas, sino destrozadas, y una sociedad que se hunde en la pobreza y la infelicidad sin que entendamos por qué está pasando todo esto. Las parejas se casan sin saber qué es realmente el matrimonio y lo que implica. 

Cada vez hay más niños criados en hogares monoparentales, o con la ausencia total del padre, o familias donde el papá y la mamá se han vuelto a casar. 

Equivocados 

Podrán creer que son excelentes padres todos aquellos que priorizan a sus hijos los fines de semana a estar con la nueva enamorada o que les pagan el mejor colegio. 

Pero tenemos malas noticias para ellos. Ser buen padre implica no sólo darles tiempo a los chicos y cubrir sus necesidades materiales. Implica ser una autoridad para ellos. ¿Qué es ser una autoridad? No es ser un experto en técnicas para dar órdenes y que todos hagan lo que yo quiero. Eso es autoritarismo. 

 Para pensar y reflexionar

¿Cómo le enseñas a tu hijo que sea justo, generoso, sincero y leal si no cubres las necesidades materiales y emocionales de la madre por egoísta o perezoso? O simplemente, la abandonaste porque se acabó el amor y conseguiste otra mujer que cubría tus expectativas.

No puedes enseñar valores a tus hijos si vives amenazando con el divorcio a tu esposa. 

¿Cómo le indicas ser ordenado y responsable si ni  levantas una media para llevarla a la ropa sucia?

Todos deseamos que nuestros hijos alcancen la felicidad, pero pregúntense ambos, qué están haciendo con su ejemplo. 

Los padres no necesitan ser perfectos, basta con que no se conformen con el nivel alcanzado y que luchen cada día por ser un poco mejores en los diferentes aspectos de su vida. No hay mejor escuela que el hogar y la familia. Nada de esto funciona si el marco principal de la vida no está basado en el amor.

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