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Misión educativa que ayuda a transformar vidas en Veraguas

Misión educativa que ayuda a transformar vidas en Veraguas

El Instituto Agropecuario de Atalaya es un colegio mixto que tiene una matrícula de 75 estudiantes, en su mayoría, de áreas rurales que se capacitan en técnicas agropecuarias para obtener el título de Bachiller Agropecuario.

 

Por Betzaida Toulier U. 

Lineth Vázquez, joven oriunda de Santa Fe, tiene puesta, de manera firme, la mirada en su sueño; este año se gradúa de bachiller del Instituto Agropecuario Jesús Nazareno, ubicado en Atalaya, Veraguas. Para ella, esta institución no solo ha sido un centro educativo, sino un lugar donde ha encontrado motivación para abrirse camino en un sector históricamente dominado por hombres.

“No tenía mucho conocimiento sobre el agro, pero en estos tres años he aprendido bastante y sé muchas cosas que antes no sabía”, comparte Lineth con entusiasmo. Su historia refleja el esfuerzo y la superación de estereotipos que, hasta hace poco, limitaban la participación femenina en la agricultura, y esto lo ha vivido la estudiante desde pequeña.

“Me decían que las mujeres no podían trabajar en el campo, que no servían para eso. Pero decidí estudiar agropecuaria y todo ha sido posible. Si a una mujer le nace del corazón hacer algo, puede hacerlo con esfuerzo”, afirma con convicción.

Sus planes son claros y ambiciosos: continuar estudios universitarios en Ingeniería Zootecnista, trabajar para ahorrar y, finalmente, abrir su propio negocio. A pesar de los retos que puedan surgir, Lineth asegura que seguirá adelante para alcanzar su meta.

 

Enseñanza – aprendizaje

El Instituto Agropecuario Jesús Nazareno, de Atalaya, fundado el 17 de junio de 1961, brinda formación integral, humana y cristiana, con docentes capacitados en las áreas agropecuarias, humanísticas y científicas.

Para su director, el padre Higinio Rodríguez, la misión educativa de este centro, no solo es evaluar los resultados académicos, sino también el esfuerzo, la actitud y la manera en que cada estudiante asume la experiencia formativa que se les ofrece a los dos géneros, masculino y femenino: “con igual exigencia formativa y practica”.

 

Cada estudiante asume con interés, la experiencia formativa que ofrece el plantel.

 

Del aula al campo

El Instituto busca la autosostenibilidad donde la teoría académica cobra vida a través de proyectos prácticos, que abarcan desde la ganadería, la porcinocultura, hasta el mantenimiento de viveros y cultivos de hortalizas.

Esta dinámica tiene un doble impacto vital para la institución. Por un lado, una parte de la producción se destina a la comercialización, generando recursos para el plantel. Por otro, el excedente garantiza la subsistencia, proveyendo alimentos frescos para el consumo interno.

El padre Higinio reconoce que aún no se ha logrado en su totalidad, pero todo se dirige a ese objetivo, ser autosostenibles.

 

Este colegio recibía ayuda gubernamental antes de la pandemia, pero ya no, informó el director. 

 

Salto al mundo laboral

El objetivo central del instituto es la formación profesional y la competitividad de sus estudiantes.

Para el director, el objetivo central es la formación profesional, que al finalizar su formación, los estudiantes no solo reciban conocimientos, sino una identidad técnica sólida: el diploma de Bachiller Agropecuario. Este título certifica que el graduado posee competencias fundamentales para administrar, producir y comercializar productos en armonía con el medio ambiente.

Y es, precisamente, lo que atrae a los estudiantes que llegan al Instituto, graduarse y aspirar a una plaza de trabajo. “Muchos se quedan trabajando en fincas donde realizaron la práctica”, dice el sacerdote.

 

Limitaciones del plantel

Actualmente, la institución enfrenta desafíos, como la disminución del ganado disponible para las prácticas, situación que ha llevado a considerar convenios con fincas externas.

El padre Higinio señala que estas alianzas permiten que los estudiantes tengan contacto directo con la realidad productiva y complementen su aprendizaje, sin descuidar el proceso formativo dentro del plantel.

“Llevarlos a vivir la experiencia en otros espacios los motiva a esforzarse académicamente, pues es una condición para que hagan la práctica”, indica.

 

Finalmente, el padre Higinio recuerda que la educación debe ser integral. Así como un estudiante necesita dominar materias básicas para graduarse, también debe formarse en valores, disciplina y compromiso.

 

La experiencia de la estudiante Lineth demuestra que, aun en medio de dificultades, cuando se asume el proceso con responsabilidad y sentido de pertenencia, la formación cumple su verdadero propósito: transformar vidas y preparar personas capaces de enfrentar la realidad con fe, esfuerzo y dedicación.

 

Detalles

  • El colegio cuenta con un pabellón de dormitorios, comedor, cocina, área de administración y dirección, salones de clases, gimnasio.
  • Su estructura incluye: área de ganadería, de porquerizas, vivero, terrenos para hortalizas y el apiario; salón de informática, capilla.

 

OPINIÓN

Padre Higinio – Director

“Los estudiantes -en su mayoría de áreas rurales- se quedan trabajando en fincas donde realizaron la práctica”.

 

Lineth Vásquez – Estudiante

“Me decían que las mujeres no servían para trabajar en el campo, pero decidí estudiar agropecuaria”.