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Misericordia que rescata del abandono y la indiferencia

Misericordia que rescata del abandono y la indiferencia

Los misioneros anuncian la construcción de nuevas habitaciones para rescatar a más abuelos que hoy sufren el olvido absoluto.

 

Por Marianne Colmenárez 

Bernardino Cano Pinzón pasó más de diez años siendo un fantasma entre cartones y bolsas de basura en las cercanías de Los Pueblos, por el corregimiento de Juan Díaz. Nunca tuvo hijos ni esposa, siempre solitario, deambulando entre el silencio de la indiferencia. Sus pies estaban tan inflamados que apenas podía caminar cuando una mujer anónima, que ya le conocía, lo llevó al Hogar Caridad de Kkottongnae.

 Hoy, tras ser diagnosticado con un cáncer de colon que hizo metástasis, Bernard ya no duerme sobre el suelo duro. Descansa en una cama impecable, recibe su tratamiento médico y, mientras el Hermano Juan limpia sus heridas y cambia su bolsa de colostomía cada tres días, él solo agradece con una media sonrisa. 

El rostro de Bernardino refleja la paz de quien ha encontrado un refugio seguro.

 “Disfruto de ver televisión, converso y me alimento bien”, dice con la paz de quien se sabe, por fin, querido. 

Esa es la esencia de la caridad que se respira en la casa #40 de la calle cuarta en Parque Lefevre. Desde ese lugar, el sacerdote Santiago Lee (Lee Dong-gyu) y el hermano Juan (Byeongseop Park) han hecho suya la promesa de Mateo 25, 40, entendiendo que cada gesto hacia el más pequeño es un gesto hacia Dios mismo.

 

Sangre nueva para la misión

El padre Santiago acaba de incorporarse a esta obra en Panamá el pasado 18 de marzo. Con solo 31 años, trae consigo la experiencia de haber servido cinco años en Paraguay, donde perfeccionó un español fluido que hoy utiliza para conectar con los abuelos.

 Tras culminar sus estudios y ordenación en Corea, su llegada marca una etapa de fortalecimiento administrativo y pastoral para el hogar. A su arribo se encontró con una familia ya establecida de ocho residentes a quienes ahora dedica su vida entera.

“Solo viviendo juntos y conviviendo con ellos se ven cambios”, manifiesta el padre Santiago con convicción. 

Añade que, para curarles las heridas de sus almas necesitan mucho tiempo, paciencia y amor. “El convivir en un ambiente familiar les va transformando poco a poco sus corazones”, asegura el sacerdote.

 

El espacio actual del comedor será insuficiente ante la llegada de nuevos residentes.

 

Ampliación con propósito

La buena noticia que alegra este tiempo de gracia es la expansión física del refugio. Desde el pasado 9 de febrero se inició la construcción de una nueva y amplia habitación que estará lista en mayo.

Este espacio permitirá recibir a nueve adultos mayores adicionales, duplicando prácticamente la capacidad actual. El nuevo espacio incluye una habitación grande para los abuelos, dos baños y una habitación más pequeña para la cuidadora, garantizando una atención digna y constante para quienes han vivido en el desamparo.

Para que este sueño sea pleno, el hogar sigue necesitando el apoyo de la comunidad. Aunque se han invertido 70 mil dólares gracias a las donaciones de los fieles, aún se requieren 20 mil dólares más para ampliar el comedor y dotar el lugar con el mobiliario necesario. 

“Esperamos que el Ministerio de Desarrollo Social nos apoye con la adquisición de las camas clínicas”, comenta el padre Santiago, detallando que también requieren una lavadora, secadora, una refrigeradora grande y un televisor para el área común.

 

El reto de las calles

El Hermano Juan comenta que cada semana recorre diferentes áreas de Calidonia y por los lados cercanos a la Plaza 5 de mayo, llevando emparedados, frutas y jugos a quienes aún viven en la indigencia.

“Cuando llego, me gritan amigo, amigo, y me reciben con mucho cariño”, asegura el religioso, quien señala que en cada visita observa casi cien personas por jornada. No siempre tiene para darles a todos, depende de las donaciones que reciben durante la semana. 

Los religiosos manifiestan sentirse comprometidos con el cuidado de los abuelos, señalando que lo hacen con esmero, como si fueran sus propios padres. 

El sacerdote reconoce que la misericordia es para todos y que Dios desea que cada uno sienta su amor sin distinciones.

Así se encuentra gracias a la intervención de los religiosos.

 

Aurelio Girado es otro testimonio de vida rescatado del desamparo.

 

Una invitación a ser instrumentos de Dios

Siguiendo las palabras del papa León XIV en su exhortación Dilexi Te, el hogar nos recuerda que los dones recibidos no son para guardarlos, sino para emplearlos con generosidad. El servicio no se limita a lo material, implica ofrecer tiempo y presencia. 

“Cada uno de nosotros es un capital vivo que, para crecer, necesita ser cultivado y empleado”, advierte el Pontífice, alertando contra el riesgo de que esos dones se sequen.

Desde la llegada del padre Santiago, el hogar ha fortalecido su vida litúrgica celebrando la Eucaristía todos los domingos, a las 10 de la mañana en su propia capilla. Dejan la invitación abierta para que la ciudadanía comparta con los abuelos y sea parte de esta familia que lucha aferrada a la misericordia infinita del Señor.