El Comedor Solidario Santa María del Camino se ha consolidado como una obra de misericordia que, con el apoyo de voluntarios y benefactores, lleva alimento y acompañamiento a personas en situación de vulnerabilidad.
Por Marianne Colmenárez
Lo que comenzó como una respuesta urgente a la crisis provocada por la pandemia se ha convertido en una de las obras sociales más significativas de la Arquidiócesis de Panamá.
Este domingo 14 de junio, al cumplir seis años de fundación, el Comedor Solidario Santa María del Camino celebra una trayectoria sostenida por la fe, la solidaridad y el compromiso con las personas más vulnerables.
El sacerdote Domingo Escobar, director del comedor, señala que los primeros meses estuvieron marcados por la incertidumbre. En Ciudad Radial, muchas familias dependían de la economía informal y, con el confinamiento, quedaron sin posibilidad de generar ingresos. “La gente necesitada tocaba las puertas de la parroquia pidiendo apoyo”, recuerda.
Inicialmente, la comunidad distribuyó alrededor de 2 mil bolsas de comida mediante el programa del Estado, Panamá Solidario. Sin embargo, cuando ese respaldo concluyó, fue necesario reorganizar la ayuda.
“La entrega de bolsas dio paso a la preparación diaria de almuerzos. Lo que comenzó con 300 platos servidos llegó a superar los 2 mil al día. Fue realmente una situación que puso a prueba nuestra fe. No había ingresos, ni ofrendas, pero vimos muchos milagros”, afirma el sacerdote.

Manos generosas
La respuesta de personas de buena voluntad permitió sostener la obra en los momentos más difíciles. Mientras la mayoría de la población permanecía confinada, otros se ofrecieron para cocinar, empacar alimentos y distribuirlos casa por casa.
Los vehículos identificados con el logo del comedor recorrieron comunidades enteras para llevar alimentos a quienes no podían salir de sus hogares.
En medio de aquella emergencia también nació la Fundación Opus Christi, que dio estructura jurídica y proyección a la iniciativa. “Fue necesario registrar una fundación con tres pilares que la sostuvieran: la fe, la promoción humana y la solidaridad”, describe el padre Domingo.
Detrás de cada plato servido hay colaboradores que trabajan diariamente para mantener viva esta misión. Para apoyar sus estipendios, las donaciones pueden realizarse a través de Yappy en @comedorsolidario.
Una ayuda que llega más lejos
Con el paso de los años, el comedor ajustó su operación según las necesidades detectadas. Itzel Rodríguez, coordinadora del comedor, asegura que la obra distribuye actualmente cerca de mil platos de comida; estos son entregados a comunidades de Cerro Patacón, al Centro Juan Pablo II en su sede principal de Calidonia y su extensión en San Miguelito para menores en riesgo, también a un comedor en San Joaquín.

“La realidad en algunos sectores sigue siendo preocupante. En Cerro Patacón identificamos una población numerosa de familias indígenas con importantes carencias sociales y educativas”, manifiesta.
La obra funciona gracias al trabajo de ocho colaboradores permanentes y alrededor de 25 voluntarios que participan en la preparación, distribución y entrega de los alimentos. Además, recibe estudiantes que realizan servicio social, así como también personas que cumplen trabajo comunitario como parte de procesos judiciales.
Resalta que las principales necesidades del comedor son proteínas, arroz, menestras y condimentos. También requieren el apoyo de empresas y personas dispuestas a colaborar con insumos o donaciones económicas, que permitan solventar el pago de estipendios y la compra de alimentos.
Para los responsables de la obra, la solidaridad no puede limitarse únicamente a ofrecer un plato de comida. Por ello, uno de los principales proyectos de la Fundación Opus Christi es fortalecer la promoción humana mediante programas de capacitación en oficios.
El padre Domingo Escobar asegura que aprender habilidades como electricidad, plomería, belleza, modistería o tapicería permite mejorar la autoestima y ampliar las oportunidades laborales de quienes viven en condiciones vulnerables.
“No solamente es cuestión de darle el pez, sino enseñarle a pescar. Por eso buscamos recaudar fondos para construir salones donde puedan desarrollarse estos cursos en alianza con el Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (INADEH). El objetivo es ofrecer nuevas oportunidades, especialmente a jóvenes que podrían quedar expuestos a la delincuencia o al consumo de drogas por falta de alternativas”, destaca.
Rostros que inspiran
Para Adelicia Ferrer, encargada del área de cocina, el servicio diario también ha significado una transformación personal. Su responsabilidad es preparar el arroz que acompaña cada jornada de distribución, pero asegura que el mayor aprendizaje ha sido descubrir la realidad de quienes reciben la ayuda.
“Acá he aprendido a ser más empática y solidaria. Los niños de Cerro Patacón son una de mis mayores motivaciones. Cuando ven llegar el carro de comida, vienen corriendo. Su alegría nos confirma que realmente lo necesitan”, expresa emocionada.
Celebración
Este mismo 14 de junio se realizará una Gran Feria Familiar en los predios de la Parroquia Santa María del Camino. La jornada se iniciará con la Eucaristía y continuará con venta de comidas, bebidas y actividades culturales, en un ambiente de gratitud por una obra que sigue sembrando esperanza.
Una misión compartida

Adelicia Ferrer
Cocinera
“He aprendido a no ser indiferente. Ahora me detengo a mirar las necesidades de quienes me rodean”.

Rolando De León
Beneficiario
“Soy sobreviviente de cáncer y no puedo trabajar. Desde hace cuatro años recibo este almuerzo, ha sido una bendición”.

Marco Cruz
Voluntario
“La realidad de Cerro Patacón me impactó profundamente. Es muy triste ver a tantos niños padeciendo hambre”.

Padre Domingo Escobar
Director
“Durante estos seis años, he recibido señales claras de Dios; este comedor debe continuar. Su misión sigue vigente”.

Vianeth López
Voluntaria
“Colaboro desde que se fundó el Comedor. Los almuerzos también llegan a nuestros hermanos que viven en la calle”.
