El segundo día del Congreso Internacional para la Comunidad Sorda, que se desarrolla en Panamá, estuvo marcado por uno de los momentos más conmovedores del encuentro. Sobre el escenario no solo se compartieron conocimientos académicos, sino también testimonios de profundo dolor, resiliencia y búsqueda de justicia.
Karla Díaz
La jornada de hoy jueves reunió a Daiana Lizárraga, sobreviviente del emblemático caso del Instituto Antonio Próvolo de Argentina; Nancy Cortéz y Deborah Pizarro, intérpretes de Lengua de Señas Argentina que acompañaron durante años a las víctimas en el proceso judicial.
Durante sus intervenciones insistieron en el mensaje de que la accesibilidad, la comunicación y el acompañamiento adecuado son elementos indispensables para prevenir abusos y garantizar el acceso a la justicia de las personas sordas.

«Un trauma que nunca se supera»
Con serenidad, pero también con una profunda carga emocional, Daiana Lizárraga recordó su paso por el Instituto Antonio Próvolo, donde ingresó en 2007.
Explicó que el centro ofrecía educación y talleres de formación laboral como carpintería, panadería y soldadura, pero mantenía una estricta prohibición del uso de la lengua de señas, obligando a los estudiantes a comunicarse únicamente mediante lenguaje oral.
«Esa prohibición nos dejaba incomunicados. No podíamos preguntarnos cómo estábamos ni compartir lo que nos sucedía», recordó.
Con el paso del tiempo comenzó a notar el sufrimiento de muchos compañeros. Algunos le confiaron los abusos que sufrían por parte de miembros de la institución. Al principio le costó creerlo. «Cuando conocí el instituto pensé que todo era bueno porque estaba dirigido por religiosos. Después entendí lo que estaba ocurriendo.»
Daiana también relató que fue víctima de abuso y que el miedo la acompañó durante muchos años. «Permanecí en silencio durante diez años. Ni siquiera sabía qué era una denuncia.» Explicó que solamente cuando llegó a otra escuela conoció por primera vez la figura del intérprete y comenzó lentamente a comprender que podía contar lo sucedido.
En 2016 inició junto con otros sobrevivientes el proceso de denuncia que culminó con el histórico juicio celebrado en noviembre de 2019, en el que varios sacerdotes fueron condenados. Aunque reconoció el valor de la sentencia judicial, afirmó que las secuelas permanecen. «La marca y el trauma siguen conmigo.»
Actualmente está casada, tiene dos hijos y aseguró que su familia ha sido fundamental en su proceso de reconstrucción.
«Las familias deben aprender lengua de señas. Es la manera de comunicarse, transmitir amor, respeto y protección.»

El papel del intérprete en la búsqueda de justicia
La intérprete Nancy Cortéz presentó la conferencia El rol del intérprete de lengua de señas en un modelo interdisciplinario frente a los abusos en la comunidad sorda. Explicó que quienes interpretan no son simples traductores de palabras, sino parte de equipos interdisciplinarios que acompañan procesos profundamente delicados.
«Somos parte del equipo que escucha relatos que duelen, incomodan y muchas veces llegan demasiado tarde.»
Destacó que el trabajo del intérprete exige confidencialidad, compromiso ético y respeto absoluto por la autonomía de la víctima.
Asimismo, insistió en que fiscales, psicólogos, trabajadores sociales y demás profesionales deben incorporar a los intérpretes desde el inicio de las investigaciones para garantizar que niños, adolescentes y adultos sordos puedan expresar plenamente sus testimonios.
Nancy recordó que durante el proceso judicial del caso Próvolo incluso los propios intérpretes fueron cuestionados y enfrentaron procesos legales por acompañar a las víctimas. «No hay verdadera inclusión cuando la lengua de señas está ausente, incluso dentro de las familias.»

«Interpretar también significa habilitar la palabra»
Por su parte, Deborah Pizarro, quien también acompañó durante años a las víctimas del caso Próvolo, describió las enormes dificultades que enfrentaron durante el proceso judicial. Explicó que muchas personas desconocían la cultura sorda y la lengua de señas, situación que complicó la toma de testimonios.
«Nuestro trabajo llegó al límite por la ausencia de la lengua de señas y por el desconocimiento de la comunidad sorda.» Recordó que las víctimas fueron desacreditadas y que incluso se llegó a afirmar que estaban inventando las denuncias. Tras las condenas, lamentó que pocas personas reconocieran públicamente la labor realizada por los intérpretes.
«La tarea del intérprete no consiste únicamente en traducir. También implica habilitar la palabra sin ocupar el lugar de quien ha sido vulnerado.»
Añadió que la incorporación efectiva de la lengua de señas dentro de los sistemas judiciales no es un recurso complementario, sino una condición indispensable para garantizar los derechos humanos y el acceso a la justicia.
