Más de cinco mil voluntarios recorrerán parroquias, hogares, escuelas y comercios para llevar esperanza mediante la corresponsabilidad y el compromiso cristiano.
Por Marianne Colmenárez
«No estamos hablando de cifras, estamos hablando de vidas transformadas». Con esa afirmación, el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, invitó a los fieles a recibir la alcancía de la Campaña Arquidiocesana como un signo de comunión que hace visible el rostro misericordioso de Cristo.
La Marea Naranja inició este domingo 12 de julio la Fase de Evangelización y de Solidaridad de la Campaña Arquidiocesana, inspirada en el lema «Me comprometo desde mi fe al bien común». La jornada comenzó con la misa de envío celebrada en la parroquia San Francisco de la Caleta.

Debidamente identificados con gorras y chalecos, más de cinco mil voluntarios distribuirán aproximadamente 125 mil alcancías en viviendas, centros educativos y comercios, desde San Carlos hasta Wacuco, Tortí, para respaldar las obras pastorales, evangelizadoras y sociales que sostiene la Iglesia.
Durante su homilía en la misa televisada, monseñor Ulloa recordó que esta iniciativa, con 51 años de historia, trasciende el sentido de una colecta y aseguró que la fe se hace visible cuando se convierte en servicio.
«Una iglesia que anuncia el evangelio y lo confirma con obras concretas de misericordia», expresó.
El arzobispo agradeció el compromiso de quienes han sostenido esta misión durante más de cinco décadas. De manera especial reconoció la labor del equipo organizador encabezado por la licenciada Aura Ferrer, así como el respaldo constante de benefactores, empresas, instituciones, familias y miles de voluntarios.
Dirigiéndose a la Marea Naranja, destacó que su labor va mucho más allá de entregar una alcancía. «Ustedes no llevan solamente una alcancía, llevan una invitación a vivir el evangelio desde la solidaridad», manifestó.
En su reflexión explicó que la campaña permite sostener numerosas obras de la Arquidiócesis que acompañan a personas en situación de vulnerabilidad. Entre ellas mencionó el Hogar Buen Samaritano para personas con VIH, el Comedor Santa María del Camino, el Hogar San Juan Pablo II para personas en situación de calle, el Hogar Luisa que acompaña a migrantes y refugiados, el Seminario Mayor San José y las acciones de evangelización, catequesis y pastoral que llegan a las comunidades.
«Cuando tú ayudas, algo bueno sucede», afirmó al recordar que cada donación se convierte en alimento para quien tiene hambre, acompañamiento para el enfermo, acogida para el migrante y esperanza para quienes buscan una nueva oportunidad.
Antes de concluir, invitó a las familias a recibir con alegría la alcancía cuando llegue a sus hogares.
«No veas en ella un recipiente para recoger monedas. Mírala como un signo de comunión, como un signo de corresponsabilidad, como un signo de esperanza, porque esta alcancía puede transformar vidas», exhortó.

También animó a quienes no la reciban a solicitarla en su parroquia o realizar su contribución a través de los medios digitales habilitados por la Arquidiócesis, recordando que lo importante es no perder la oportunidad de hacer el bien.
Al finalizar la eucaristía, monseñor Ulloa, junto con el equipo de la Campaña Arquidiocesana, visitó a las familias Aragón Medina, Crespo Jurado y Arosemena Arosemena, laicos comprometidos que desde hace años colaboran con la distribución de las alcancías en la comunidad de San Francisco.
