En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, la celebración eucarística dominical invitó a reconocer la riqueza de los pueblos originarios, su dignidad y su aporte a la sociedad y a la vida de la Iglesia.
Por Héctor Muñoz
En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que se conmemora cada 9 de agosto, la Iglesia Católica hizo un llamado a reconocer la dignidad de los pueblos originarios, valorar sus culturas y tradiciones y promover una sociedad donde sus derechos e identidad sean respetados.
El mensaje fue destacado durante la Santa Misa dominical, celebrada en la capilla de la Universidad Santa María la Antigua (USMA), y presidida por el padre Luis Núñez, rector del Seminario Mayor San José.
La celebración permitió poner en el centro de la reflexión cristiana la realidad de los pueblos indígenas y la necesidad de reconocerlos como parte fundamental de la historia, la identidad y la riqueza cultural de las naciones.
Una jornada para reconocer su dignidad
El Día Internacional de los Pueblos Indígenas fue establecido por las Naciones Unidas y se celebra cada año el 9 de agosto. La fecha busca crear conciencia sobre las necesidades de los pueblos indígenas, promover la protección de sus derechos y reconocer la importancia de sus culturas, lenguas, tradiciones y formas de vida.
En el caso de Panamá, esta jornada tiene una relevancia especial debido a la presencia de diversos pueblos indígenas que forman parte de la identidad nacional.
Sus conocimientos ancestrales, lenguas, expresiones culturales, tradiciones y formas de organización comunitaria constituyen un patrimonio que enriquece al país y que, al mismo tiempo, enfrenta importantes desafíos relacionados con la pobreza, la discriminación, el acceso a servicios básicos, la protección de sus territorios y la preservación de sus culturas.
Una riqueza para la Iglesia
Desde la perspectiva de la Iglesia Católica, el reconocimiento de los pueblos indígenas pasa también por valorar la manera particular en que viven y expresan su fe.
La diversidad cultural no debe ser vista como una amenaza para la unidad de la Iglesia. Por el contrario, representa una oportunidad para descubrir la riqueza de una fe que puede expresarse desde distintas culturas y realidades.
El acompañamiento pastoral de los pueblos indígenas supone, por tanto, escuchar sus voces, respetar sus tradiciones y reconocer sus propias formas de comprender y vivir la comunidad, siempre desde la dignidad de cada persona y el respeto a sus derechos.
La Iglesia ha insistido en que la evangelización no puede desligarse de la realidad concreta de los pueblos, sino que debe caminar junto a ellos, reconociendo aquello que hay de bueno y valioso en sus culturas.
Panamá y sus pueblos originarios
Panamá cuenta con siete pueblos indígenas reconocidos: Guna, Ngäbe, Buglé, Emberá, Wounaan, Naso Tjër Di y Bri Bri, comunidades que conservan importantes expresiones culturales y tradiciones propias.
Su presencia forma parte de la diversidad que caracteriza al país y constituye un llamado permanente a construir una sociedad donde las diferencias culturales sean reconocidas como una riqueza.
En este sentido, la celebración de este día no se limita a recordar una fecha del calendario internacional, sino que invita a pasar del reconocimiento simbólico a un compromiso concreto con la dignidad y el bienestar de las comunidades indígenas.
Una Iglesia cercana a las comunidades
La celebración dominical se convirtió así en una oportunidad para recordar que la misión de la Iglesia está llamada a caminar junto a todos los pueblos, especialmente junto a quienes enfrentan situaciones de vulnerabilidad o exclusión.
Reconocer a los pueblos indígenas significa también escuchar sus historias, proteger sus derechos, respetar sus culturas y abrir espacios para que puedan participar plenamente en la construcción de la sociedad.
El Día Internacional de los Pueblos Indígenas invita, finalmente, a mirar la diversidad cultural como una riqueza y a renovar el compromiso de construir una sociedad más fraterna, donde cada pueblo pueda conservar su identidad y vivir con dignidad.




